Editoriales: una presentación al mundo

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Fotos de backstage con la maquilladora Alicia Iglesias, la fotógrafa Silvia Serena y la modelo Candela M.

Como puedes ver en cada uno de nuestros números –como en numerosas revistas dedicadas a la moda, la peluquería o la belleza–, los editoriales son una sección fundamental. Permiten hacer un descanso en la lectura, un respiro delicioso visualmente; y aportan color, valor y distinción a la publicación. Pero, ¿qué suponen para los profesionales que los llevan a cabo? Entrevistamos a tres profesionales para que conozcas el proceso que hay behind the scenes, porque todas lo tienen claro: es un proyecto que, como profesional, deberías probar.

Un editorial fotográfico, sea cual sea su artífice o su protagonista –las prendas, el maquillaje, el peinado, la persona que los lleva o el espacio donde tiene lugar–, es un proyecto en el que todos los demás integrantes salen bien parados. “Aporta innovación y actualización al portfolio de cada uno”, opina Silvia Serena, fotógrafa profesional y una de las responsables del editorial que incluimos en el último número.

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Una ventana de exposición

Tener unas fotografías –bonitas y profesionales– que reflejen lo que sabes hacer, es el motivo principal por el que Serena recomienda a “todo aquel que se meta en este mundo” que se lance a hacer un editorial. Kristen Wicce, fotógrafa profesional –cuyo trabajo habrás visto a menudo publicado en esta revista– está de acuerdo: “Independientemente del nivel profesional que se tenga, yo animo a todos a que lo hagan”, coincide. Es una manera de estar en activo, pero también de darse a conocer: “nunca se sabe quien te puede contratar a través de esa ‘ventana de exposición’. Además –continúa–, creo que se crece mucho cuando abordas proyectos diferentes e incluso sales de tu área de confort. Revistas hoy en día hay muchas y de muchos niveles, por lo que cada uno puede encontrar su hueco para darse visibilidad y seguir avanzando”.

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Fotografía: Kristen Wicce (@kristenwiccephotographer) MUAH: Álvaro Sanper (@alvarosanper) Estilista: Alejandra Acosta (@doblea.jpg /@dnischool) Modelo: Andrea Brisson (@andreabriisson)

Los objetivos de un editorial, sin embargo, pueden ser más concretos: como decíamos, desde renovar el portfolio, hasta probar un nuevo material. Y, por supuesto, por encargo de una firma o una publicación. En cada caso, el proceso que se sigue para sacarlo adelante es diferente.

Puede interesarte para renovar tu portfolio, para probar algún producto o, sencillamente, para darte a conocer, ver tu trabajo publicado y mantenerte en activo

El paso a paso

Primero, ¿quién toma la iniciativa? Normalmente, nos explica Wicce, “suele ser el fotógrafo o el maquillador quien se pone en contacto con el otro para proponer un proyecto”. Cuando se propone una sesión a modo de renovación de portfolio, los maquillajes o estilismos no tienen por qué guardar una relación entre sí, pero en este caso, el de los editoriales, la clave es, valga la redundancia, que tenga una línea editorial. Es decir, «la historia, la temática o lo que se quiera contar a través de esas fotografías”, que los coordinadores del equipo deberán establecer. “Esto limita un poco más la parte creativa porque todas las fotografías tienen que tener un sentido entre sí para que también el proyecto tenga sentido y quede armónico, pero a cambio obtienes la publicación con su consiguiente publicidad que, obvio, nunca viene mal”, indica la fotógrafa.

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Fotografías: Kristen Wicce (@kristenwiccephotographer) MUAH: Andy Fare (@andyfare) Estilista: Adriana García (@adrianagarciacardozo) Modelo: Alicia B (@alibercan)

Una vez se tiene la idea del editorial, el impulsor o impulsores del proyecto hablan con el equipo y se hace un moodboard. Se trata de un collage con todo tipo de imágenes, textos o referencias que faciliten que todo el equipo entienda lo que se tiene en mente: “el tipo de modelo que me cuadraría, el número de maquillajes, los looks, la localización…”, detalla Silvia Serena. Así fue, por ejemplo, como se gestó el editorial que incluimos en este último número, una iniciativa de Serena y de Alicia Iglesias, maquilladora profesional. Iglesias nos explica que, después de trabajar la inspiración y crear ese boceto, “buscamos y contactamos con modelos o agencias de modelos y distintos proveedores si se requieren (floristas, empresas de accesorios, ropa, etc.), fijamos fecha y lugar y, si es en exterior, antes del día de la sesión concretamos las localizaciones, para ir a tiro hecho”.

Una vez se tiene la idea hay que crear un moodboard, un collage de imágenes y otros elementos que representen esa idea y faciliten llevarla a cabo: desde los maquillajes hasta las actitudes de los modelos

La comunicación es la clave

Como hemos dicho, un editorial es un proyecto artístico que se nutre de una suma de talentos. En la mayoría de los casos, nos confirman las expertas, a no ser que sea por encargo de un medio, estos proyectos nacen de manera colaborativa; es decir, que ninguna de las partes recibe remuneración y son estas las que lo soportan económicamente.

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Fotografía: Silvia Serena (@sil_serena). Maquillaje y peluquería: Alicia Iglesias (@aliciaiglesiasmua) Modelo: Candela M. (@cande.laz)

Asimismo, las tres profesionales coinciden en que, a pesar de que haya alguien que marque la idea final, los miembros del equipo tienen libertad creativa y margen para opinar y aportar su visión. Eso sí, la comunicación es fundamental. “Muchas veces los egos juegan malas pasadas y, si no se conocen previamente de otros trabajos o están empezando, se cae en que el trabajo de cada uno es más importante que el del resto en vez de pensar que lo que importa es el resultado, y claro: se junta un maquillaje potente, con un peinado potente, un estilismo potente… y todo llama tanto la atención por separado que en conjunto no funciona”, explica Kristen Wicce. Por eso es importante ponerse de acuerdo y dejar hasta el mínimo detalle planificado antes de ponerse manos a la obra: “cuando se tiene todo claro, el día de la sesión suele salir todo rodado, y es muy bonito”, opina Serena. Es una palabra importante porque, a pesar de que se trata de un proyecto laboral, que
puede aportar conocimiento, experiencia o contactos, no hay que olvidar que también puede –y debería– ser gratificante, y más si es una iniciativa propia. “A mí me ayuda mucho a despejar la mente y es un soplo de aire fresco cada vez que participo en una sesión de fotos», reconoce la maquilladora.