Ese miedo a usar “mal” un autobronceador, a no extenderlo correctamente y que no quede homogéneo, tiene un nombre: trauma cosmético. Pero es injusto: esas manchas anaranjadas no son cosa tuya, sino que se deben a una reacción química del producto. Y se puede evitar mirando la etiqueta.
El mercado de los autobronceadores se ha enfrentado históricamente a lo que los expertos denominan como “trauma cosmético”: el miedo a un acabado anaranjado, a que quede un olor metálico desagradable y a un resultado poco natural.
Este concepto se aplica en otras ocasiones; por ejemplo, menciona Pedro Catalá, cosmetólogo, doctor en Farmacia y fundador de Twelve Beauty, se relaciona con el miedo a que la piel quede descamada o enrojecida al dejar más tiempo de la cuenta un peeling de ácidos, o al aplicar un sérum de retinol. También surge este pánico al utilizar un producto flash antes de un evento (y que deje rojeces o salgan impurezas) o al aplicar correctores de alta cobertura bajo los ojos (y que, si la piel no está del todo hidratada, nos deje un aspecto agrietado y cansado).
Culpa al DHA
Ese trauma tiene su origen en una preocupación real: todo esto puede suceder. Ha sucedido. Y la información o los consejos de uso que se dan, en ocasiones, tampoco ayudan. En lugar de tranquilizar y dar herramientas al consumidor, lo que generan es aún más presión, y la sensación de que utilizar ciertos productos es muy complejo. Pasa con el retinol, y pasa con los autobronceadores.
En este caso, se nos ha dicho que, para que el resultado sea homogéneo, hay que preparar la piel, exfoliándola e hidratándola; que para extenderlo de forma uniforme hay que aplicarlo en círculos; y, por supuesto, con guantes, para evitar manchas indeseadas. En definitiva; que, en lugar de estar aplicándose un cosmético, a muchas les parece que están desactivando una bomba. Y, ante la idea de fallar, tiran la toalla.
No obstante, Pedro Catalá apunta a que el problema no reside en la falta de destreza en la aplicación, sino en un fallo en la formulación: un exceso de velocidad química. “El tono naranja que proporcionan la mayoría de los autobronceadores se debe a la reacción de Maillard, por la cual el DHA [dihidroxiacetona] reacciona con los aminoácidos de la capa córnea”, explica el especialista.
Es lo que tiene que ocurrir. Esta reacción química de las moléculas de azúcar de DHA con las proteínas y aminoácidos de la capa superior de la piel es la que aporta el tono y el brillo que buscamos para nuestra piel. Sin embargo, continúa el cosmetólogo, “si la concentración es alta o el pH de la fórmula no está perfectamente ajustado, la reacción es demasiado rápida y produce esos pigmentos amarillentos o naranjas”. Como bien apunta él mismo: “la línea entre la efectividad y la calamidad es muy delgada”.
Alternativas químicas
El verdadero desafío en esta categoría cosmética, por tanto, no es el color naranja en sí, sino cómo los ingredientes tradicionales impactan en la salud epidérmica. En su caso, la solución que ha logrado con su propia línea cosmética es el cambio de la dihidroxiacetona por la eritrulosa, un azúcar fermentado. “La DHA es eficaz, pero es un ingrediente inestable que tiende a resecar la piel, tiene ese aroma metálico tan característico y oxida muy rápido.
Pero el problema principal es cómo afecta a la barrera cutánea. Al sustituirlo por la eritrulosa logramos que la velocidad de reacción sea mucho más lenta. Al ralentizar el proceso, el acabado es más rojizo y marrón, logrando un resultado natural y bajo el control total del consumidor, que puede espaciar las aplicaciones cuando alcanza el dorado deseado”.
Además de esta opción, otras alternativas para evitar este tono anaranjado son los derivados de la tirosina, “que es un aminoácido que nuestro cuerpo utiliza para crear melanina”, o los péptidos biomiméticos, “que son cadenas de aminoácidos diseñadas en laboratorio y que imitan a la hormona estimulante de los melanocitos”. Por último, indica, “los aceites vegetales de burití, caléndula o zanahoria, que son ricos en betacarotenos, aunque no tan efectivos y rápidos como los anteriores, también son una alternativa natural muy válida”.
De nuevo, esto es solo un intento de aportar más información, más herramientas, para que los consumidores seamos más conscientes de nuestras decisiones. A partir de ahora podemos mirar con mayor detenimiento la etiqueta y la formulación de los autobronceadores.
Pero, por zanjar el asunto de la aplicación, y si tuviéramos entre manos un autobronceador tradicional, le preguntamos al especialista: ¿hay alguna manera de aplicarlo con más eficacia, a pesar de su fórmula? “Como en tantas otras ocasiones, en cosmética sigue vigente la regla del ensayo y error, ya que cada uno de nosotros podemos interaccionar de una manera u otra. Ahora bien, sí que es cierto que la DHA suele provocar este efecto”, respondía. A veces, ante el trauma cosmético, también puede ser válida la terapia de choque.
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