De tal palo… Leticia y Felicidad Carrera

leticia y felicidad carrera
Leticia y Felicidad Carrera

El buen nombre de la marca Felicidad Carrera se ha forjado y mantenido durante más de cuatro décadas gracias al
esfuerzo y el buen criterio de las dos Carrera; empresarias, compañeras, madre e hija.

El mérito es de las dos, pero es reseñable tanto en conjunto como por separado. Porque no es tarea fácil hacerse hueco en primera fila del mundo de la estética; que se asocie tu marca, que además lleva tu propio nombre, a calidad, a cuidado, a rigor. Tampoco es tarea fácil mantenerlo. De hecho, es como en la alta cocina, cuando a un chef le toca la gran responsabilidad de conservar la estrella que heredó de su predecesor. Año tras año, sin embargo, el centro y el apellido Carrera revalidan su reputación.

Es una suerte poder hablar con las dos empresarias responsables de uno de los centros más prestigiosos del sector en nuestro país, pero es mucho más excepcional e interesante aún acercarse a ellas como compañeras, como madre e hija.

Pregunta- ¿Cuándo empezasteis cada una en la estética? ¿Cómo fueron vuestros inicios?

Felicidad Carrera- Yo me adentré en este mundo, que siempre me había apasionado, hace 40 años. En aquel entonces trabajaba en una multinacional, pero ya me preocupaba el cuidado de la piel. Entonces pensé que quizá podía darle un giro a mi vida y dedicarme a algo que me apasionaba. Así terminé dejando mi anterior trabajo y abriendo mi propio centro en la zona norte de Madrid, donde vivíamos.

Leticia Carrera- Estudié la licenciatura de Farmacia y la especialidad de Bioquímica en el Hospital Gregorio Marañón, y al terminar la carrera no tenía claro cuál iba a ser mi futuro. Porque, aunque mi madre siempre ha sido un referente para mí, yo era muy consciente del gran esfuerzo que ella hacía y de los aspectos de su vida que a diario sacrificaba por su profesión. Fue mientras hacía la especialidad cuando comencé a ayudar a mi madre por las tardes en su centro y cuando fui consciente de la gran suerte que tenía de poder trabajar a su lado y ayudarla a cumplir sus sueños.

P.- ¿Cuál es el primer recuerdo que tenéis de vuestros comienzos en la profesión? (primera aparatología, primer tratamiento…)

F. C.- Desde el primer momento tuve muy claro que la aparatología era determinante para conseguir mejores resultados y por eso, ya cuando abrí mi primer centro, contaba con varios equipos que eran toda una novedad en esa época: un láser de Nd-Yag, varios equipos de electroestimulación, alta frecuencia, diatermia, presoterapia… Mis clientas empezaron a percibirlo también como un punto de inflexión a la hora de cuidarse.

L. C.- Yo recuerdo a mi madre siendo súper escrupulosa y detallista a la hora de incorporar nuevos equipos. El primer recuerdo que tengo de aparatología es el primer LPG que hubo en España. Lo recibimos con tanta ilusión que hice yo la formación y al principio solo lo aplicaba yo.

P.- ¿Cómo es trabajar con la familia?

Ambas- Un regalo. Somos tremendamente afortunadas y nos complementamos a la perfección.

L. C.- Yo trabajo día a día para honrar todo el sacrificio, el esfuerzo y la dedicación que he visto en mi madre y que le han permitido hacerse un nombre referente en el sector. Ella es tremendamente trabajadora y tiene un instinto nato para los diagnósticos o para saber lo que va a funcionar y lo que no. Yo a veces le digo “espera, vamos a darle una pensada más a esto…”, pero en el fondo sé que si ella lo tiene claro es porque indudablemente está en lo cierto.

F. C.- Yo sé que todo lo que diga o haga mi hija va a estar bien. Su criterio actual es más amplio que el mío en muchos aspectos, y de hecho gracias a su formación adquirimos la categoría de centro médico. Yo he visto muchos miles de pieles en mi vida, pero ella tiene una sensibilidad muy especial y un sentido estético extraordinario que, sumado a su
formación, hacen que me sienta muy orgullosa de ella, también profesionalmente hablando.

P.- ¿Qué habéis aprendido de trabajar la una con la otra?

L. C.- ¡Todo! La forma de tratar al cliente, la perseverancia, la capacidad de esfuerzo… Mi madre comparte conmigo cada día su experiencia; hablamos de todos y cada uno de los casos que tratamos, así que todos los días aprendo algo nuevo con ella.

F. C.- La perfección, la determinación, el continuo aprendizaje y la minuciosidad.

P.- ¿Cuál es el mejor consejo que habéis recibido la una de la otra?

L. C.- “En esta profesión nunca se sabe lo suficiente y siempre estamos aprendiendo”. Y lo sigo a rajatabla. Yo puedo aportarle nuevas visiones a mi madre, pero consejos recibo yo constantemente. Me resultaría antinatural darle yo un consejo a ella, más allá de que intento que dosifique un poco la pasión por su trabajo, que le lleva a pasar jornadas interminables en el centro.

P.- ¿Cuál es vuestro estilo al liderar una empresa y al tratar con el cliente?

F. C.- La educación a la hora de dirigirse a un cliente y el lujo en los detalles son fundamentales para que cada visita al centro sea todo lo enriquecedora y placentera que debe ser.

L. C.- Eso lo tenemos tan arraigado que, como algún cliente en alguna ocasión no se vaya todo lo satisfecho que queremos, nos llevamos un gran disgusto. Nada nos reconforta más que la sonrisa de un cliente al salir por la puerta.

P.- ¿Cuál diríais que es vuestra especialidad estética y cuál es la de la otra?

F. C.– Yo soy una observadora nata de la piel. Me podría pasar horas observando las pieles incluso que veo por la calle, y ahora me preocupa la incidencia que veo que ha tenido la pandemia sobre la calidad de la piel de las personas. Por eso lo que más disfruto son los diagnósticos, tanto de las nuevas clientas como los que hacemos para ver la evolución de los tratamientos.

L. C.- Yo también hago diagnósticos, pero también me encanta indagar en nuevos equipos y formas de aplicación. Además, también estoy muy volcada en esas pautas de alimentación que siempre damos, sobre todo en el área corporal; y en la comunicación, que ocupa gran parte de mi tiempo fuera del centro.

P.- ¿Cuál es el secreto para tener un salón de éxito durante tanto tiempo?

Ambas- La profesionalidad, el esfuerzo, el rigor y la honestidad.

P.- Felicidad, ¿cómo describirías a Leticia? Y Leticia, ¿cómo describirías a Felicidad?

F. C.- Trabajadora, perfeccionista y emprendedora.

L. C.- Luchadora, valiente, perseverante y optimista.

P.- ¿Algo en lo que no coincidáis y que pueda contarse?

L. C.- La verdad es que tenemos una relación de complicidad y empatía máxima. Nos lo contamos todo y comentamos todo lo que sucede en el centro para tener siempre la doble opinión, que es una gran suerte, y casi siempre resulta ser la misma. En todo caso, como decía antes, yo peco de ser algo más “lenta” en la toma de decisiones, y mi madre es más impulsiva; quizá por esa experiencia mayor a la hora de valorar los pros y los contras de las cosas.

P.- ¿Cuál era vuestro objetivo o vuestro sueño cuando empezasteis? ¿Diríais que se ha cumplido?

F. C.- Yo jamás pude imaginar que la vida me iba a deparar toda la felicidad y los logros que me ha dado esta profesión. Cuando dejé la multinacional en la que trabajaba no tenía un objetivo concreto al empezar con mi primer centro, era casi más darle forma a una pasión… ¡Y mira hoy!

L. C.- Yo creo que siempre hay que alimentar los sueños con nuevos propósitos y que nunca hay que relajarse, porque entonces probablemente empeores la excelencia que buscamos cada día. Pero sin duda, echar la vista atrás y ver el nombre de mi madre donde lo veo, para mí es el mayor de los orgullos (a la vez que mi mayor responsabilidad).

P.- Una predicción o lectura para el futuro. ¿Cómo veis el sector?

L. C.- Yo creo que estamos en un momento donde necesitamos cuidarnos más que nunca. Se ha demostrado que, con la pandemia, las pieles y la autoestima se han visto damnificadas y ahora empezamos a entender que hay que cuidarse, ante todo por salud.

F. C.- En esta situación que describe Leticia creo que nuestro ideal de “embellecer de forma natural”, sin alterar la fisonomía, está más en boga que nunca. Espero que la sociedad entienda que cuidarse y retrasar el envejecimiento tienen que ver con la constancia en los cuidados diarios en casa y con el complemento, en la medida de las posibilidades de cada economía, en el centro médico-estético, con los avances que va proporcionándonos nuestro sector.

Cuando yo empecé se hablaba de “esteticistas” y todo era manual; nosotras queremos conservar el valor y la técnica de unas buenas manos, pero apoyándonos en todo lo que nos ayuda la tecnología para hacer más efectivos los tratamientos.


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