Por una estética no violenta

Violencia Estetica
Fotografía: Carlos Villarejo. Peluquería y maquillaje: Prado Núñez

¿Te suena el término “violencia estética”? Es toda aquella presión ejercida sobre las mujeres para cumplir con los cánones de belleza imperantes. Y en el sector de la estética profesional se ha ejercido por sistema como herramienta de venta. Hablamos de ello con Jenifer Alonso, uno de esos motores de cambio que ha empezado a motivarlo, desde dentro, alzando la voz.

“Uy, esta piel está fatal ¿eh?”, “Sí, sí, aquí tienes bastante celulitis”, “Habría que ir tratándose estas arruguitas”. Habrá a quienes estas frases, ese tono que se puede intuir solo al leerlas y, en definitiva, esa manera de comunicarse y relacionarse con una clienta –o con cualquier mujer o persona de su entorno– le parezcan más propias del Pleistoceno. Para otras, sin embargo, va íntimamente relacionado con su trabajo; es una “estrategia” legítima de venta. En cualquier caso, estas situaciones no nos son para nada ajenas. Como clientas, las hemos vivido, si no en primera persona, de cerca.

Vender desde el miedo…

La influencer Júlia Salander (@salander33) narraba una experiencia similar en su cuenta de Instagram. Acudió a un centro de estética solicitando una limpieza convencional y le fueron “buscando defectos” para ofrecerle servicios que no había pedido. “Quieren hacer negocio creándote traumas”, denunciaba. Y le ponía nombre: “esto es violencia estética”.

Pero dentro del sector también ha habido voces críticas con esta práctica. La facialista Jenifer Alonso respondía personalmente en su propia cuenta (@jenifer___alonso) a este vídeo: “Me duele ver cómo lo que debería ser un espacio de cuidado, escucha y respeto se convierte en un lugar donde se señalan supuestos defectos, se generan complejos y se venden soluciones desde el miedo”, lamentaba. El vídeo generó más de 1300 comentarios, y sobra decir que hubo polémica.

Alonso, sin embargo, no se aplacó ni decidió olvidar el asunto. Volvió a publicar sobre el tema, esta vez en formato carrusel: “Si tu clienta venía a hacerse una limpieza facial y le dijiste que tenía papada para acabar vendiéndole algo que no había pedido, estás ejerciendo violencia estética”;Si tu clienta venía a depilarse las piernas y aprovechaste para señalar su celulitis con la excusa de ‘ayudarla’, estás ejerciendo violencia estética”. Oír relatos como estos de boca
de sus clientas, en los que se disfraza la violencia estética de asesoramiento profesional es, indicaba, “el pan de cada día” en su cabina, y por eso decidió ponerlo sobre la mesa, para intentar provocar un cambio desde dentro. Seguro que consiguió algo de eso, pero también levantó ampollas.

Me sorprendió muy positivamente la cantidad de profesionales que compartieron mi visión, pero también hubo comentarios que me impactaron bastante. Algunos decían, literalmente: ‘esto es un negocio, no una ONG’. A mí ese argumento me parece profundamente desacertado. Porque, si yo fuera clienta de ese profesional y leyera algo así, probablemente no volvería. Cuando alguien acude a un centro de estética lo hace buscando cuidado, confianza y respeto”, comparte con nosotros la facialista.

Para quien niega o tilda de exageraciones esta presión, Alonso también es categórica: “Negar que la violencia estética
existe es absurdo”. La violencia estética siempre se ha ejercido; quienes hemos cambiado somos nosotros, la sociedad. “Durante muchos años se nos ha enseñado que, para mantener nuestros negocios, hay que vender a toda
costa. Que el éxito está en recomendar más, en ampliar servicios, en señalar aspectos que quizá la clienta ni siquiera
había percibido. Y pocas veces nos detenemos a pensar en el impacto que eso puede tener en la persona que tenemos delante”,
opina Alonso.

Para mí, la violencia estética empieza precisamente ahí: cuando utilizamos la inseguridad como herramienta de venta. Cuando señalamos ‘defectos’ que la persona no había verbalizado o cuando generamos una necesidad que no existía. Desde mi punto de vista, eso es cruel. Un negocio no se sostiene por hacer más caja un día, sino por ofrecer resultados reales, actuar con honestidad y construir confianza con el cliente”.

Violencia Estetica
Por Una Estética No Violenta 4

… O construir desde la confianza

¿Es, entonces, posible construir, mantener y dedicarse a un sector profesional que no se asiente sobre la violencia estética? Para Jenifer Alonso, la respuesta es sí: “Por supuesto. De hecho, para mí es la única estética que debería existir. Quienes nos dedicamos a la estética estamos para cuidar, acompañar y reforzar la autoestima, no para destruirla. La clave del éxito no está en vender a cualquier precio, sino en el compromiso con el estudio, el conocimiento de la piel y la eficacia de los tratamientos. Cuando un profesional sabe lo que hace, no necesita generar
inseguridad para trabajar. Su trabajo habla por sí mismo”,
sostiene.

Este, sin embargo, es un problema de fondo, estructural, y que también ayudamos a reproducir constantemente desde el sector, empezando por aquí. Y nos preguntamos: si las mujeres nos sintiéramos bien con nuestro físico, con
nuestra apariencia; si dejásemos de sentir esa presión por alcanzar determinados estereotipos, ¿seguiríamos acudiendo a la estética, consumiendo cosmética y servicios profesionales? De nuevo, esta experta lo tiene claro: “Por
supuesto que sí. Yo misma me siento bien con mi cuerpo y, aun así, consumo cosmética y me realizo tratamientos. No
desde la carencia, sino desde el cuidado y el mantenimiento. Muchísimos clientes que vienen a mi centro se gustan, se
aceptan y, aun así, desean mejorar o acompañar ciertos aspectos de su piel.
La diferencia está en que la demanda nace de ellos, no de una inseguridad sembrada por alguien externo. Cuando el profesional es honesto y decide junto al cliente si algo se puede mejorar o no, se genera algo muy valioso: confianza. Y esa confianza crea relaciones duraderas y una cadena de recomendaciones muy potente”.

Escuchar y respetar

Para finalizar, y bajar a tierra un debate tan complejo y transversal –es político, económico y social–, le pedimos a Alonso algunas sugerencias concretas para empezar a practicar, desde lo particular –nuestro centro, nuestra cabina, nuestra revista–, una visión más “sana” de la estética, evitando ejercer esa presión estética a través de los mensajes que enviamos a las mujeres.

El primer cambio que propone es sencillo: escuchar. “La mayoría de las personas que entran en un centro lo hacen porque quieren resolver algo concreto. Nuestra responsabilidad es centrarnos en eso y ofrecer una solución eficaz. Un ejemplo muy claro: si una clienta viene a depilarse las piernas y no menciona su celulitis, no deberíamos señalarla. Puede que conviva perfectamente con su cuerpo hasta el momento en que alguien se lo señala y le genera una inseguridad que antes no existía”.

El futuro de la estética –el presente, nos atrevemos a señalar– pasa por otro lugar, sostiene la facialista: “por la honestidad, por el conocimiento profundo de la piel y por entender que cuidar a alguien también implica respetar cómo se siente con su propio cuerpo. Porque, al final, un cliente satisfecho por tu honestidad y por tus resultados será tu cliente para siempre. Y ese es el verdadero valor de esta profesión”.