Un estudio reciente revela que casi ocho de cada diez españoles recurren a la actividad física para reducir el estrés, aunque el sedentarismo sigue siendo uno de los principales desafíos para la salud.
La actividad física ha dejado de percibirse únicamente como una herramienta para mantenerse en forma. Cada vez más personas recurren al deporte como una forma de cuidar su salud mental, reducir el estrés y mejorar su bienestar emocional. Sin embargo, esta creciente conciencia sobre la importancia del autocuidado convive con una realidad preocupante: el sedentarismo sigue formando parte del día a día de gran parte de la población.
Así lo refleja el estudio Radiografía del bienestar emocional y el deporte en España, elaborado por Nara Seguros, que analiza la relación de los españoles con la actividad física, el estrés y los hábitos de bienestar. Entre sus principales conclusiones destaca que el 79% de los encuestados utiliza el deporte como una herramienta para desconectar mentalmente y reducir el estrés.
El ejercicio como una herramienta de bienestar integral
Los beneficios del ejercicio físico van mucho más allá de la salud cardiovascular o el control del peso. Numerosos estudios científicos han demostrado que la actividad física regular contribuye a mejorar el estado de ánimo, favorece la liberación de endorfinas, ayuda a reducir los niveles de ansiedad y mejora la calidad del sueño.
No sorprende, por tanto, que más del 74% de los participantes en el estudio considere que la actividad física debería ocupar un lugar fundamental en el cuidado de la salud, al mismo nivel que la alimentación o el descanso.
Los datos recopilados por Nara Seguros muestran además que siete de cada diez personas reconocen sentirse peor cuando dejan de practicar ejercicio, una percepción que evidencia la estrecha relación entre movimiento, bienestar emocional y calidad de vida.
La salud mental gana protagonismo frente a la estética
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es el cambio de percepción que se está produciendo en torno al deporte. Aunque mejorar la salud física continúa siendo la principal motivación para mantenerse activo, cada vez más personas sitúan el bienestar emocional entre sus prioridades.
De hecho, el 16,9% de los encuestados afirma que practica deporte principalmente para cuidar su salud mental y reducir el estrés, una cifra que ya supera a quienes lo hacen con el objetivo de controlar el peso o mejorar su apariencia física. Este dato refleja cómo la actividad física empieza a percibirse menos como una herramienta estética y más como un recurso para sentirse mejor tanto física como emocionalmente.
Las mujeres muestran una conexión especialmente estrecha con esta dimensión emocional del ejercicio, mientras que entre los jóvenes el deporte se relaciona cada vez más con conceptos como autocuidado, equilibrio y bienestar psicológico.
La paradoja del sedentarismo
A pesar de esta mayor concienciación, el estudio revela una importante contradicción. Más del 60% de los encuestados admite llevar una vida sedentaria y una de cada tres personas pasa más de siete horas sentada al día.
Esta situación refleja uno de los grandes retos de la sociedad actual. Aunque la mayoría conoce los beneficios de mantenerse activo, las exigencias laborales, las largas jornadas frente al ordenador y la falta de tiempo dificultan la incorporación de hábitos saludables de forma sostenida.
Las mujeres, los jóvenes y las personas con mayores niveles de estrés son algunos de los grupos que manifiestan más dificultades para mantener rutinas de autocuidado estables en el tiempo. Además, la percepción de sedentarismo resulta especialmente elevada en comunidades con ritmos de vida más intensos y urbanos.
Cuando el estrés se convierte en una barrera
Paradójicamente, las etapas en las que más beneficios podría aportar el ejercicio suelen ser también aquellas en las que más cuesta practicarlo. Según el estudio, una de cada cuatro personas asegura reducir o abandonar completamente la actividad física durante periodos de estrés intenso o desgaste emocional.
La situación resulta especialmente llamativa entre las mujeres y los jóvenes. Mientras que cerca de un tercio de las mujeres reconoce reducir o abandonar el deporte durante estas etapas, el porcentaje alcanza el 36% entre las personas de 18 a 29 años.
El cansancio acumulado, la presión diaria y la sensación de falta de tiempo aparecen entre los principales obstáculos para realizar más ejercicio. A ello se suma la hiperconectividad propia de la vida moderna, que dificulta la desconexión y favorece estilos de vida cada vez más sedentarios.
Los expertos recuerdan que mantener cierto nivel de actividad física, incluso mediante ejercicios suaves o paseos diarios, puede resultar especialmente beneficioso durante estas etapas, ayudando a mejorar el estado de ánimo y a gestionar mejor la carga emocional.
La importancia de escuchar al cuerpo
El concepto de autocuidado ha evolucionado en los últimos años. Hoy no solo implica mantenerse activo, sino también saber reconocer cuándo es necesario descansar y recuperarse.
Cada vez más especialistas defienden una relación equilibrada con el ejercicio, alejada de la exigencia constante y centrada en el bienestar global de la persona. Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos de recuperación y adaptar la actividad física a las circunstancias individuales son aspectos fundamentales para que el deporte siga siendo una herramienta de salud y no una fuente adicional de presión.
Además, los efectos del sedentarismo no se limitan al plano físico. Siete de cada diez personas afirman notar cambios en su estado de ánimo cuando dejan de hacer ejercicio. Entre las consecuencias más frecuentes destacan una mayor irritabilidad, una disminución de la motivación y un aumento de los niveles de estrés.
En un contexto en el que el estrés se ha convertido en uno de los principales desafíos para el bienestar, la actividad física continúa consolidándose como uno de los recursos más eficaces y accesibles para cuidar tanto la salud física como la emocional. El reto ahora pasa por conseguir que ese conocimiento se traduzca en hábitos sostenibles capaces de combatir el sedentarismo y mejorar la calidad de vida de la población.











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