¿Qué tienen que ver los orgasmos con el antiaging?

Sexualidad 1

La respuesta rápida es que más de lo que imaginas. La respuesta larga… Bueno, tendrás que leerla. Pero, para que te hagas una idea, hablaremos de la pérdida de hidratación, de colágeno o de los tratamientos regenerativos, temas que nos preocupan especialmente cuando hablamos de estética facial y corporal, y que, por ende, deberían interesarnos igual cuando se refieren a nuestra salud vulvovaginal.

¿Sabías que la piel de la vulva es igual que la piel de la cara? Con el mismo gesto nos quedamos nosotras cuando se lo oímos decir a la Dra. Bárbara Fernández del Bas, experta en Longevidad y Ginecología Regenerativa de Clinique La Prairie Madrid en el encuentro sobre Bienestar Sexual y Salud Íntima Femenina organizado por la famosa firma de juguetes eróticos LELO. “No es figurado –nos explica, ya en una entrevista personal, la Dra. Fernández–; el Monte de Venus y los labios mayores están recubiertos de piel con vello, en la que hay glándulas sebáceas y sudoríparas. Los labios menores están cubiertos también por piel, pero sin vello, y en su parte interna limitan con mucosa a través de la línea de Hart”. Esta es la razón, dice, por la que los cambios cutáneos que percibimos en el cuerpo y en la cara también se observan en la vulva. Y más al llegar a la menopausia. Por eso, la pregunta es… “Si te cuidas la cara, ¿por qué no lo haces con la vulva?”, suelta la doctora.

Es frecuente, no normal

Esta pregunta fue el quid de toda la charla. Sin meternos en los antecedentes históricos, sociales y culturales que lo han provocado [no nos tiréis de la lengua], lo cierto es que hablar del bienestar sexual y genital femenino ha sido y, por desgracia, sigue siendo, a muchos niveles, un tabú. “Nadie nos dice que hay que cuidar nuestra vulva y nuestra vagina”, lamentaba la doctora. Es más, es que en muchos casos se desconoce la diferencia entre ambas (“el ejemplo que pongo a las pacientes para entenderlo [siguiendo el ejemplo del cuidado facial], es el siguiente: la cara sería la vulva (piel) y la boca sería la vagina (mucosa)”, explica la ginecóloga). Por eso, con el fin de desterrar prejuicios, y dar visibilidad con naturalidad a todo este asunto, durante el encuentro se trató desde el tema de la higiene íntima hasta el de la autoexploración con espejo en mano (“conocerse la vulva nos permite el diagnóstico de patologías en fases incipientes”).

Conocer nuestra anatomía y nuestros procesos biológicos es también fundamental teniendo en cuenta que, a lo largo de la vida de una mujer, hay muchos sucesos o situaciones que atañen a su salud íntima, como dar a luz o la lactancia, la toma de anticonceptivos orales, tratamientos oncológicos o la etapa de la menopausia, provocando la aparición de síntomas que, aunque frecuentes, no deberían ser considerados normales: estrechez del grosor de la pared vaginal, sequedad, incontinencia urinaria o hiperlaxitud vaginal… problemas que pueden causar dolor e incluso provocar una pérdida del placer durante las relaciones sexuales.

Las especialistas abogan por la prevención con tratamientos regenerativos como la radiofrecuencia genital, el láser, los factores de crecimiento autólogos o el ácido hialurónico

La radio, también, genital

Concretamente, como sabes, desde el climaterio, las mujeres sufrimos un bajón radical de estrógenos. El aparato genital depende de dichas hormonas, y ese cambio provoca un envejecimiento acelerado en estas estructuras. “Esto puede llegar a provocar diferentes síntomas y signos, muchos de ellos englobados en el Síndrome Genitourinario de la Menopausia”, indica Fernández. Este síndrome, advierte la doctora, lo sufrirá hasta el 98 % de nosotras a partir de los 6 años de la menopausia. Esta patología incluye sequedad genital, infecciones vaginales y urinarias de repetición, urgencia e incontinencia miccional de urgencia… “En definitiva, una pérdida notable en su calidad de vida y un gasto sustancioso en medicamentos y tratamientos”, remata la experta. Para más inri, estos problemas van, a menudo, en cadena. La causa más frecuente por la que las mujeres de 50 años acuden a la consulta es la sequedad vaginal. Y esta, a su vez, puede provocar molestias en las relaciones o incluso vaginismo y un bloqueo psicológico ante las relaciones.

Todos estos son los motivos por los que las especialistas abogan siempre por la prevención; y aquí es donde entran en juego los múltiples tratamientos que engloba la ginecología regenerativa y funcional: radiofrecuencia genital, láser (CO2 o erbio), factores de crecimiento autólogos o ácido hialurónico. Estas técnicas son muy efectivas para producir colágeno. Teniendo en cuenta que perdemos un 1 % anual de colágeno desde los 40 años, la Dra. Fernández recomienda estos tratamientos preventivos a partir de los 35 años o incluso antes, en función de la paciente. ¿Un método fácil para calcularlo? “Cuando comiencen a realizar tratamientos, por ejemplo, de radiofrecuencia facial, que comiencen también a nivel genital”, sugiere.

Dos orgasmos a la semana

Después de todos estos preámbulos necesarios, nos acercamos por fin a resolver la pregunta con la que abríamos este reportaje. ¿Qué tienen que ver los orgasmos en todo esto? Como siempre decimos, las personas somos un todo, y ante un tratamiento, todos nuestros hábitos importan. “Si, yo, por ejemplo, le realizo una técnica regenerativa a una paciente con el objetivo de aumentar la síntesis de colágeno, pero la paciente tiene niveles bajos de vitamina C (fundamental para la síntesis del mismo) o no tiene un consumo suficiente de proteínas en la dieta, el tratamiento no tendrá los mismos resultados. Lo mismo pasa si la paciente es fumadora, por ejemplo”, indica Fernández. Y lo mismo ocurre con los cuidados y recomendaciones tras el tratamiento. “Para mantener los beneficios de estos tratamientos, es muy importante que la zona esté vascularizada, y esto se consigue a través de la excitación”, explica la ginecóloga de la clínica La Prairie.

Para que la zona genital se mantenga correctamente lubricada e hidratada es necesaria su correcta vascularización, y esta se consigue a través de la excitación sexual

“Durante la excitación sexual, estudiada por Masters y Johnson, se produce una vasodilatación”, nos explica, por su parte, la Dra. Maite Fernández, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Tufet de Barcelona, también participante en el encuentro organizado por LELO. “Esto –continúa–, significa que los vasos sanguíneos se abren, llegando así más sangre a las estructuras de la pelvis, en concreto a la vagina, a la vulva, a toda la zona genital, haciendo que aumente el tamaño de los labios internos, de los labios externos, y también del clítoris. Dentro de la vagina, se traduce en que las paredes de esta empiezan a trasudar líquido, es decir, dejan que pase el líquido que está en los vasos sanguíneos, creando la mayor parte de la lubricación vaginal. Todo eso se consigue a través de la excitación”. Y esto, indica la ginecóloga, permite tener relaciones sin dolor y mantener la vagina más sana.

¿Conclusión? Las doctoras suelen “prescribir” una vida sexual frecuente, con o sin pareja, con o sin penetración, y un número de orgasmos o, mejor dicho, de “excitaciones” semanales en función de cada caso. “Los orgasmos producen contracciones de la musculatura vaginal, liberando hormonas como la oxitocina, que hacen que nos sintamos mejor después de tenerlos”, explica Maite Fernández. Están muy bien, pero no son el objetivo último. Es decir, hay que dejar atrás la idea de que la sexualidad va asociada a una pareja, al coito, y al orgasmo: lo importante, dice la experta, es disfrutar de la sexualidad, obtener placer y excitarse. El cómo, es lo de menos.