El domingo 25 de octubre, a las 03:00 de la madrugada, los relojes de la España peninsular volverán a marcar las 02:00. Ese día durará oficialmente 25 horas. El cambio de hora modifica de inmediato nuestro horario social, pero el organismo no se rige por lo que marca el reloj. Lo hace a través de un sistema circadiano que coordina los ritmos de prácticamente todos los órganos y tejidos, y ese sistema necesita su propio tiempo para reajustarse.
El Dr. Francisco Mira, neurólogo de ZEM Wellness Clinic Altea, explica qué ocurre en el cuerpo durante esa transición y qué señales ayudan a volver a sincronizarlo.
Qué es el reloj biológico y cómo funciona
El reloj biológico no es un mecanismo único. Hay un reloj central, situado en el núcleo supraquiasmático del cerebro, que coordina los ritmos de otros tejidos y órganos, cada uno con sus propios relojes periféricos. Entre todos organizan, a lo largo de aproximadamente 24 horas, procesos como el sueño y la vigilia, la liberación de hormonas, el apetito, la digestión o la temperatura corporal.
“El organismo no sabe qué hora marca nuestro reloj: interpreta las señales que recibe del entorno. La más importante es el ciclo de luz y oscuridad, pero también intervienen la actividad física, los horarios de alimentación, la interacción social y otros estímulos”, explica el Dr. Mira. “Cuando cambiamos la hora de forma brusca, podemos generar temporalmente una cierta desalineación entre nuestro horario social y nuestros ritmos internos”.
La luz, la señal que pone en hora al organismo
La luz es la señal externa con más capacidad para ajustar este sistema. La retina capta la intensidad y el momento de la exposición lumínica y envía esa información al reloj central del cerebro. Con esos datos, el cerebro ajusta los ritmos circadianos y regula, entre otros procesos, la producción de melatonina.
Por eso el momento en el que recibimos luz importa tanto como la cantidad. La exposición por la mañana tiende a adelantar el reloj biológico, mientras que la luz intensa por la noche puede retrasarlo. Con el cambio de octubre, amanecerá y anochecerá una hora antes según la hora de nuestros dispositivos. Esto puede facilitar la adaptación por la mañana, pero obliga a reorganizar cuándo hacemos actividades, comemos o nos exponemos a la luz artificial.
La temperatura corporal también marca el ritmo
La temperatura es otra pieza de este sistema. La temperatura central sigue un ritmo circadiano y alcanza sus valores más bajos durante la noche, mientras que la temperatura periférica participa en los mecanismos que facilitan la transición al descanso. No es una simple consecuencia de dormir o estar despierto: forma parte de la organización temporal del organismo y puede usarse como marcador de la fase circadiana. La investigación también ha demostrado que estos ritmos de temperatura cambian cuando se modifican los horarios de sueño y la exposición a la luz.
“Nuestro organismo está organizado en el tiempo. La temperatura corporal, la actividad cerebral, la secreción de determinadas hormonas y otros procesos fisiológicos siguen patrones diarios coordinados”, señala el neurólogo. “Por eso, cuando modificamos las señales que utiliza el reloj circadiano para sincronizarse, no estamos cambiando únicamente la hora a la que nos levantamos: estamos modificando temporalmente la relación entre diferentes procesos que funcionan de manera coordinada”.
No todas las personas se adaptan igual
La capacidad de adaptación varía de una persona a otra. Influyen el cronotipo, la estabilidad de los horarios, la cantidad de luz natural que recibe cada uno y sus hábitos de actividad y alimentación. Una revisión sistemática reciente, que analizó 27 estudios, encontró efectos variables sobre el sueño y la somnolencia tras los cambios horarios, con mayor impacto en determinados cronotipos.
En el centro, esto se traduce en algo sencillo: los días después del cambio de hora, algunas clientas notarán más cansancio o peor descanso y otras apenas lo percibirán. Es un buen momento para hablar de la importancia del sueño en la piel y de los efectos de la falta de sueño en la salud y la estética, dos temas que preocupan en cabina.
Cómo adaptarse al nuevo horario
Desde la cronobiología, adaptarse al cambio de hora no consiste solo en acostarse una hora antes o después. Se trata de volver a alinear las señales que recibe el organismo:
- Aprovechar la luz natural durante el día, que sincroniza mucho mejor que la iluminación habitual de interiores.
- Evitar la luz intensa a medida que se acerca la noche.
- Mantener cierta coherencia entre los horarios de actividad, alimentación y descanso.
Son pautas fáciles de trasladar a la clienta y encajan con propuestas de bienestar que ya funcionan en spas y centros, como las curas de sueño o hábitos de longevidad como la regla del 5-4-3-2-1-0.
El cambio de hora es, en el fondo, una demostración sencilla de que el cuerpo tiene su propio sentido del tiempo. El reloj puede retrasarse 60 minutos en una noche, pero el organismo necesita interpretar la luz, la oscuridad, la actividad y sus propios ritmos para volver a sincronizarse. Entenderlo permite ir más allá de la idea de “ganar una hora de sueño” y acompañar mejor a quien lo nota más.














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