Sabiduría ancestral para pies y manos

Pies Y Manos

A pesar del uso intensivo que les damos, y de lo mucho que pueden llegar a delatar nuestra edad o nuestra tensión acumulada, ¡qué poquito caso les hacemos! Un descuido impensable en las terapias orientales. Toma nota y sigue los consejos de la sabiduría milenaria.

Con nuestras manos nos ganamos el pan de cada día. Pedimos, sin rastro de duda, que dejen en nuestras manos tareas vitales, favores urgentes, incluso la protección de los más queridos. Por nuestras manos –y, sobre todo, por las vuestras– pasan decenas de personas, y después, se sienten mejor. Con ellas acariciamos, sostenemos, cuidamos. Y, ¿quién las cuida a ellas?

Con los pies ocurre lo mismo. Aguantan, literalmente, todo nuestro peso. Así que, si, figuradamente, añadimos alguna carga más –emocional o psíquica– también repercute sobre ellos. Mientras que para las terapias orientales las manos y, sobre todo, los pies, son mapas reflejos del cuerpo, desde donde podemos conectar con los órganos internos o puntos de energía repartidos por toda nuestra geografía corporal, en Occidente no solemos prestarles demasiada atención hasta que nos molestan pidiendo socorro.

Extremos protagonistas

Así opina también Cheryl Gregorio, terapeuta de Hotel Spa Niwa (Brihuega, Guadalajara), experta en técnicas orientales. “Pasamos el día apoyándonos en los pies y comunicándonos con las manos, pero son precisamente estas partes del cuerpo las que menos atención reciben. En la mayoría de rutinas de belleza se limitan a una manicura o pedicura ocasional, cuando en realidad son clave para el equilibrio físico, la salud y el bienestar integral”. Además, en lo que a estética se refiere, tanto manos como pies son los grandes delatores de la edad: arrugas, sequedad, manchas y pérdida de firmeza aparecen aquí antes que en otras zonas, mostrando el paso del tiempo si no reciben cuidados específicos.

En el Hotel Spa Niwa, con una amplia carta de tratamientos basados en las técnicas orientales, les dan especial importancia a estas zonas, trabajándolas intensivamente en algunos de sus masajes más característicos, e incluso desarrollando algunos protocolos en los que son protagonistas absolutas. “Estas experiencias recuerdan que el bienestar empieza por los extremos: pies que nos sostienen y manos que nos conectan con el mundo. Dedicarnos tiempo a cuidarlos no es un lujo, sino una forma de reconectar con nuestro cuerpo y recuperar la energía que se nos escapa en el día a día”, indica Gregorio.

En general, en el masaje oriental, “estimulamos los meridianos que atraviesan estas zonas tan dañadas por el paso de los años y el estilo de vida a través de presiones, digitopuntura, estiramientos suaves, movilizaciones articulares y trabajo energético. Esto favorece la circulación sanguínea y linfática, mejora la oxigenación de los tejidos y ayuda a equilibrar el flujo de energía vital (Qi).

Además, el contacto lento y consciente induce una respuesta profunda de relajación que impacta positivamente en la autosanación, el sueño, el sistema digestivo y la sensación general de bienestar, reforzando la conexión cuerpo–mente, con efectos que van mucho más allá de la superficie”, continúa la terapeuta, y es categórica: “No existe un masaje oriental que obvie manos y pies”.

Pies Y Manos
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Pies descansados, base estable

Las técnicas de masaje oriental tienen orígenes milenarios y, aunque todas comparten objetivos como el alivio del dolor, la reducción del estrés y la mejora de la circulación, cada país tiene sus métodos tradicionales y sus raíces históricas.

Por ejemplo, el masaje filipino, o Hilot, es una tradición propia que se remonta a las prácticas indígenas previas a la colonización española. Los primeros registros conocidos sobre este masaje se remontan al s. V, y a los albores de la civilización filipina, y se ha ido transmitiendo de generación en generación, explican desde Niwa. Su filosofía busca sanar y reequilibrar el cuerpo a través de un enfoque holístico que considera el estado físico, mental y espiritual del paciente, prestando especial atención a identificar y corregir desequilibrios, y cuya técnica de sanación ancestral tiene un gran peso en la cultura filipina, con influencias de la Medicina Tradicional China, el Ayurveda (India) y el Yunani-Tibb (griego-persa).

En este masaje, de una hora o 90 minutos de duración, la terapeuta utiliza hojas de platanera calientes para extender el aceite de coco; y mientras, estimula los meridianos de todo el cuerpo con movimientos envolventes, lentos y precisos, y estiramientos suaves. Pero, además, incorpora el masaje Dagdagay, originario del pueblo indígena Igorot, en el norte de Luzón, Filipinas. Esta técnica tradicional utiliza palitos de madera o bambú, conocidos como palitos de ratán, para estimular puntos de presión en pies, tobillos y piernas bajas.

Se cree que se desarrolló para aliviar los pies de los ancianos que caminaban descalzos por las empinadas terrazas de arroz, combinando tradición, eficacia y un enfoque similar a la acupresión. “El Hilot combina lo mejor de la tradición con un enfoque holístico moderno. Incorporar técnicas como el Dagdagay permite trabajar los pies y tobillos de manera profunda, liberando energía y tensión acumulada, y reflejando nuestro bienestar físico y emocional”, explica Cheryl Gregorio que, además de especialista en técnicas orientales, es originaria precisamente de Filipinas.

“Détox digital” a las manos

Para las manos, en Niwa han creado el Relax Phone. En este masaje de 30 minutos se realizan presiones y movimientos precisos en puntos de tensión de manos, muñecas y antebrazos con aceites esenciales de lavanda. Está diseñado para aliviar la rigidez articular, mejorar la movilidad y disolver la fatiga causada por el uso excesivo del móvil, algo que nos afecta a todos hoy en día.

El uso abusivo del móvil, del que prácticamente nadie se escapa, produce bloqueos por estrés y fatiga digital. Este masaje ayuda a liberar esa tensión acumulada en un tiempo récord”, detalla Gregorio. Es un masaje exprés que se puede realizar sentado y con ropa. Es rápido, accesible –cuesta 35 €– y el cliente percibe inmediatamente sus beneficios, por lo que, para esta terapeuta, “supondría un plus para cualquier centro de estética”.

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En todos, un poco

Otro de los masajes donde el tratamiento de pies y manos es esencial es en el masaje Shiatsu japonés. “El ‘Shiatsu’, cuyo nombre en japonés significa ‘presión con los dedos’, tiene como objetivo principal equilibrar la energía vital (Qi) del cuerpo, considerándolo un todo físico, emocional y espiritual”, cuenta Cheryl Gregorio.

Este masaje se realiza en seco, sin contacto directo con la piel, sobre una sábana de algodón. La terapeuta utiliza presiones con dedos, pulgares y palmas sobre los meridianos energéticos, ajustando la intensidad según las necesidades. En manos y pies podemos influir directamente en zonas reflejas relacionadas con cuello, espalda, sistema digestivo, respiración y equilibrio emocional. Es un tratamiento muy efectivo para liberar bloqueos energéticos, aliviar tensiones acumuladas, mejorar la movilidad articular y estimular la capacidad natural de autorregulación del cuerpo. Los clientes notan una sensación inmediata de ligereza, claridad mental y descanso profundo. Es uno de los más solicitados en Niwa”, afirma.

Inspirados y adiestrados en la sabiduría ancestral, en el Hotel Spa Niwa han aprendido a atender bien estas zonas no solo en las terapias orientales; también en los masajes de autor más locales. Es el caso de su “Masaje de miel”, otro de los más solicitados del hotel.

La miel –en nuestro caso, miel de lavanda de Brihuega, reconocida entre las mejores del mundo– es considerada ‘oro líquido’ desde hace siglos. Este ingrediente vivo aporta propiedades nutritivas, antibacterianas y osmóticas, con gran efecto détox, que se potencia al contacto con la piel a temperatura corporal (36 °C). Durante el masaje, con la miel previamente templada, se masajean y trabajan todas las zonas del cuerpo, incluidas manos y pies, con movimientos de presión y tracción que activan la microcirculación y favorecen la eliminación de impurezas, insistiendo en puntos clave en función de la condición del cliente”, nos cuenta la masajista.

Además de por su gran poder relajante, este ritual destaca por dejar la piel profundamente hidratada, nutrida y luminosa. “Lo recomendamos especialmente si se tiene la piel seca, sensación de pesadez, fatiga acumulada o mucho estrés, dejando una sensación inmediata de ligereza, renovación y felicidad”, concluye Gregorio. Como vemos, no importa el origen ni el protocolo del tratamiento: prestar atención y mimo a las manos y a los pies es una cuestión de principios. Porque, recordemos, el bienestar empieza por los extremos.