El número SPF continúa siendo uno de los principales criterios de compra para muchos consumidores. Sin embargo, dos protectores solares con el mismo SPF 50 pueden ofrecer un nivel de protección diferente dependiendo de la calidad de los filtros utilizados, su fotoestabilidad y la cobertura frente a la radiación ultravioleta.
Los profesionales de la estética desempeñan un papel fundamental a la hora de explicar estas diferencias a sus clientes, especialmente en una época en la que la fotoprotección ya no se entiende únicamente como una medida para prevenir la quemadura solar, sino también como una herramienta clave frente al fotoenvejecimiento y la hiperpigmentación.
El SPF no cuenta toda la historia
El factor de protección solar (SPF) mide exclusivamente la protección frente a la radiación UVB, responsable de las quemaduras solares. Sin embargo, la eficacia global de un fotoprotector también depende de su capacidad para proteger frente a los rayos UVA, relacionados con el envejecimiento prematuro, la aparición de manchas y parte del daño celular acumulativo.
A ello se suma otro aspecto importante: la fotoestabilidad. Un filtro fotoestable mantiene su capacidad protectora cuando se expone a la radiación solar, ofreciendo una protección más constante durante el tiempo de exposición.
La evolución de los filtros solares
En los últimos años la innovación en fotoprotección ha permitido desarrollar filtros de nueva generación que proporcionan una cobertura más amplia frente a diferentes longitudes de onda y presentan una mayor estabilidad frente a la radiación.
Según explica Estefanía Ferrer, ingeniera química y fundadora de LICO Cosmetics, Europa ha incorporado con mayor rapidez este tipo de tecnologías debido a que la regulación cosmética permite una actualización más ágil de los ingredientes disponibles para formulación.
“En Europa contamos con filtros de última generación que ofrecen una extraordinaria fotoestabilidad y una cobertura muy amplia frente a la radiación UVA”, señala la experta.
Fotoprotección y prevención del fotoenvejecimiento
La visión actual de la protección solar va mucho más allá de evitar la quemadura. La evidencia científica demuestra que la exposición acumulada a la radiación ultravioleta y el estrés oxidativo contribuyen de forma significativa al envejecimiento cutáneo, la pérdida de luminosidad, la aparición de manchas y el deterioro progresivo de la función barrera.
“Durante mucho tiempo nos hemos centrado únicamente en evitar la quemadura solar. Sin embargo, hoy sabemos que existe un daño silencioso provocado por la exposición acumulada a la radiación y al estrés oxidativo que influye directamente en la calidad de la piel”, explica Ferrer.
Qué debe valorar el profesional al recomendar un fotoprotector
Más allá del SPF, los especialistas recomiendan evaluar otros aspectos de la formulación para seleccionar el producto más adecuado para cada tipo de piel:
- Protección equilibrada frente a radiación UVB y UVA.
- Fotoestabilidad de los filtros empleados.
- Cosmética agradable que favorezca la correcta adherencia al tratamiento.
- Presencia de ingredientes antioxidantes que ayuden a combatir el estrés oxidativo asociado a la exposición solar.
La educación del paciente sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la fotoprotección. Explicar que un SPF elevado no garantiza por sí solo una protección óptima permite mejorar la adherencia a las recomendaciones y favorecer una prevención más eficaz del fotoenvejecimiento.
SPF: filtros físicos vs químicos, lo que una profesional de la estética debe saber (y explicar bien)











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