Cosmile Europa. La enciclopedia cosmética

Cosmile Europa. La Enciclopedia Cosmética
COSMILE EUROPA. LA ENCICLOPEDIA COSMÉTICA

Usamos cosméticos cada día (7 productos de media), incluso trabajamos con ellos. Los recomendamos, los “prescribimos”, ¡y aún nos queda tanto por saber…! Para ofrecernos información contrastada y con respaldo científico acerca de lo que están hechos nuestros productos nace COSMILE Europe, una base de datos con 30.000 ingredientes y mucho contexto sobre ellos.

Desde hace años se insiste –y hemos insistido– en la necesidad de saber leer las etiquetas de los productos, tanto en alimentación como en cosmética. En este empeño por informar y formar a los consumidores ha habido una creciente divulgación por parte de organismos, empresas y medios de comunicación.

La población tiene ya bien asentado, por ejemplo, que en el INCI (siglas de International Nomenclature Cosmetic Ingredient), es decir, el listado donde están recogidos todos los ingredientes que forman parte de un cosmético, y que aparecerá obligatoriamente en todos los envases comercializados en la UE, estos aparecerán ordenados de mayor a menor presencia en la fórmula. O que el idioma en el que aparecen estos ingredientes siempre será el inglés o el latín.

Pero claro, quizá faltaba algo importante: saber llenar de significado y de contexto todos estos nombres. Para resolver esto se ha creado COSMILE Europe, la mayor base de datos existente de ingredientes cosméticos.

Qué es COSMILE

Esta web (cosmileeurope.eu), a la que se puede acceder también a través de su app, ofrece información contrastada, verificada y con respaldo científico sobre casi 30.000 ingredientes utilizados en los cosméticos. Se trata de una iniciativa de Cosmetics Europe, la asociación comercial europea de la industria cosmética, y está disponible en 14 idiomas.

Que el nuestro esté entre ellos se lo debemos agradecer a la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética: “Stanpa ha trabajado mano a mano con la asociación en el lanzamiento de la herramienta en nuestro país y se ha ocupado de la traducción del contenido a español, para lo que hemos contado con la colaboración del CSIC”, nos explica Pilar García, directora técnica de Stanpa.

Esta base de datos incluye información sobre casi 30.000 ingredientes, desde su función, su origen o contexto en el caso de controversia sobre su seguridad.

Esta herramienta, nos explica, por su parte, Mª Paz Pellús García, farmacéutica especializada en cosmética y dermofarmacia y evaluadora de la seguridad de productos cosméticos, “agiliza la búsqueda de datos sobre ingredientes cosméticos. El usuario puede consultar información sobre estos escaneando la lista de componentes en la etiqueta del producto (INCI), obtener información sobre un ingrediente individual de forma manual o escanear el código de barras de un producto para conocer su listado completo de activos”.

Y, ¿qué datos nos va a dar la herramienta sobre estos ingredientes? Es decir, ¿qué información útil vamos a poder extraer de cada búsqueda? “Esta base de datos incluye desde la descripción de los ingredientes, su función, su origen y en qué tipos de productos se pueden encontrar. Además, aporta información general sobre el uso del ingrediente concreto que estemos buscando, así como los enlaces a las fuentes oficiales de información y los artículos científicos”, describe Pilar García.

Además de su extensión, este último es el gran atractivo de la herramienta, y es que “toda la información que aparece en Cosmile Europe procede de fuentes contrastadas y está basada en el conocimiento de expertos independientes, como el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (CCSC) y la Comisión Europea”, explica.

El objetivo de COSMILE es dar una información veraz acerca de los ingredientes cosméticos que componen los productos que usamos a diario: cuáles son las funciones de esta sustancia (fragancia, emoliente, espesante, abrasivo, protector…), su origen (vegetal o sintético), e incluso información relativa a por qué se está hablando de un determinado activo en un momento dado. Como especifica Pellús, “nos indicará en qué estatus normativo se encuentra el ingrediente, si está siendo revisado su uso y concentraciones, si se ha restringido…”. Es decir, nos ofrecerá datos objetivos y contexto, de manera que podamos extraer nuestras propias conclusiones y tomar decisiones conscientes sobre lo que consumimos. No esperes, por tanto, que esta herramienta te diga si una sustancia es “buena” o “mala”.

Este es el error principal que tienen los consumidores. No hay ingredientes buenos o malos en un cosmético, sino que debemos valorar la fórmula en su totalidad, el conjunto de ingredientes”, indica la farmacéutica. Y así lo corrobora, también, la experta de Stanpa: “En cosmética nos enfocamos en la seguridad de los ingredientes. Es precisamente este tipo de visión sobre los ingredientes, entre “buenos” o “malos”, lo que esta base de datos pretende erradicar. En el caso de que un ingrediente esté prohibido para su uso en productos cosméticos, la base de datos lo va a indicar con la frase ‘El uso de X ingrediente en productos cosméticos está prohibido desde X fecha’”, continúa.

No obstante, es necesario recordar, insisten ambas expertas, que la estricta legislación europea garantiza que los cosméticos que se venden en la UE son seguros para las personas. Es decir: si se comercializa aquí, significa que el producto ha pasado por estrictas evaluaciones científicas de seguridad revisadas por expertos a cargo de las empresas y que están a su vez disponibles para su inspección por parte de las autoridades nacionales. Estas evaluaciones se van actualizando con cada dato de seguridad relevante (reacciones adversas notificadas por los consumidores, etc.).

Además, cada país realiza sus propios controles de seguridad de los productos a la venta, y por su parte, el Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (CCSC) revisa la seguridad de los ingredientes.

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¿SABÍAS QUE…?

Además de la base de datos, en COSMILE Europe también podemos encontrar el apartado “Conozca sus cosméticos”, donde nos ayudan a entender cómo opera la legislación europea para aprobar un cosmético, nos ofrecen información sobre los grupos de ingredientes más importantes o arrojan luz sobre dudas y recelos habituales en torno a los cosméticos: alérgenos, disruptores endorinos, microplásticos, conservantes… Por ejemplo: ¿sabías que, en la Unión Europea, la experimentación de cosméticos en animales está totalmente prohibida desde 2013? Anunciar como un emblema que un producto no está testado en animales o recurrir al reclamo publicitario ‘cruelty free’ es innecesario, y no implica que un producto sea más responsable con el bienestar animal que otros: ¡todos cumplen con este requisito!

Desmontando mitos

Otro de los mitos que se puede erradicar con su uso es la quimiofobia, es decir, la aprensión irracional hacia todo lo químico o sintético, y su asociación con algo nocivo para la salud. “El origen de los ingredientes no está directamente relacionado con su seguridad, pues muchos ingredientes naturales pueden requerir procesamiento sintético para garantizar la inocuidad y la seguridad del consumidor. Queremos reeducar para que las personas valoren la calidad y seguridad de los productos, más allá de etiquetas como ‘natural’ o ‘sintético’”, afirma García. Gran parte de este problema, lamenta Mª Paz Pellús, “procede de las prácticas de marketing de greenwashing y de la confusión entre sostenible, ecológico y natural”.

Con esta base de datos, insisten, podremos saber el origen habitual de una sustancia y comprender que, sin importar su procedencia, es adecuada y segura para el consumidor, con el respaldo de enlaces y documentos científicos que lo atestiguan.

Su uso pretende enseñarnos a valorar la calidad y seguridad cosmética, abandonando prácticas como la de catalogar a los ingredientes como “malos” o “buenos” o mitos y miedos como la quimiofobia.

Hacemos una prueba. Miramos el listado de ingredientes de una máscara de pestañas que se publicita como vegana e hipoalergénica. Con un latín rudimentario, entendemos que la mayoría de los ingredientes, y que están presentes en mayor medida, son vegetales. Pero copiamos en el buscador de COSMILE Europe PHENOXYETHANOL, uno de esos términos que aparecen al final de la etiqueta, que suenan a sintético y… Mal. ¡Bingo! Hemos dado con uno que parece interesante. La web nos aclara que su función es antimicrobial, ya que “Inhibe el crecimiento de microorganismos (por ejemplo, bacterias y hongos)”, y conservante, pues “Protege los productos cosméticos del deterioro microbiano”.

Sin embargo, también nos dice que su uso está asociado al de los parabenos, una palabra que también tiene mucha carga negativa. Y que “Algunas personas no toleran bien el fenoxietanol y afirman que es irritante para la piel”. Pero, para rematar, en su apartado de “Hechos” afirma que, “tras muchos años de estudio, el fenoxietanol nunca ha sido clasificado como sensibilizador o irritante de la piel, especialmente en las concentraciones utilizadas en los cosméticos”.

Para Pilar García, este es un ejemplo perfecto de lo que puede aportar esta herramienta, y es que “esta base de datos incluye una sección específica para aquellos ingredientes que son considerados ‘controvertidos’, como el Phenoxyethanol. Podemos observar que dentro de esta entrada se encuentran secciones tituladas “Información sobre su uso seguro” y “¿Por qué estamos hablando de esto?”.

En estos apartados se proporciona información crucial acerca de la seguridad del ingrediente, explicando al consumidor las razones por las cuales es seguro utilizarlo en productos cosméticos”, detalla la técnica. Además, en su opinión, “gracias al lenguaje claro utilizado en la base de datos, cualquier consumidor puede comprender fácilmente la información presentada sin necesidad de poseer conocimientos previos o una base científica”.

Mª Paz Pellús nos invita a hacer otra prueba: “Si buscas Methylparaben, un tipo de parabeno, también te informa sobre el procedimiento que se sigue a la hora de aprobar o no un conservante dentro de la UE: ‘Los conservantes se examinan con respecto a su seguridad toxicológica antes de su aprobación en el Anexo V (del Reglamento de cosméticos 1223/2009) y se someten a pruebas exhaustivas’”. Como bien recomienda esta experta, para utilizar esta aplicación –y para trabajar en este sector, añadimos nosotros– hay que venir “con la cabeza libre de mitos y chismes cosméticos, sin ideas preconcebidas”. Porque, en la mayoría de los casos, están equivocadas.