Extracciones perfectas

Extracciones Perfectas

Hemos hablado en múltiples ocasiones de las higienes faciales. Pero, cuando estas higienes deben incorporar un proceso de extracción, ¿cuáles son las técnicas, herramientas y productos de los que disponen las profesionales para este paso en concreto? Tres de ellas nos dan todas las opciones y recomendaciones.

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La higiene facial es la piedra angular de la estética. Es el único servicio que encontraremos en todas las cartas de belleza, independientemente de cuál sea la especialización del centro, si se identifica más con tratamientos manuales clásicos o si ha preferido apostar por la tecnología más puntera; si es un salón humilde, de barrio, o la “boutique” de lujo donde acuden las celebrities.

Y, si las higienes son la columna vertebral de la estética, es porque también son la base de cualquier otro tratamiento facial que se pueda realizar en un centro o clínica. O, lo que sería decir lo mismo: “Una buena higiene cutánea es siempre el paso imprescindible para disfrutar de una piel sana y saludable”, sostiene Consuelo Silveira, fundadora de las escuelas de estética profesional que llevan su nombre y formadora con más de 30 años de experiencia en el sector.

Una etapa delicada

La relevancia de este servicio –y un precio normalmente asequible– explica que sea el más demandado. En el caso de las escuelas de Silveira, no solo eso, también es, “casi siempre, nuestro primer contacto con los nuevos clientes y, según el resultado y sensación experimentada, un gran paso para lograr su fidelización”. Es más, a este servicio le dan
un valor tan especial que han llegado a desarrollar cinco protocolos diferentes.

Esta diversificación en los métodos propios de cada escuela es también una prueba de cómo se ha profesionalizado este tratamiento a lo largo de los años. Por ejemplo, cada vez se le da más importancia a las etapas previas y posteriores del protocolo, para garantizar que resulte lo más amable posible para la piel.

No obstante, sigue estando asociada a mitos y a imágenes erróneas. Hagamos una prueba: si tuvieras que representar con mímica una higiene facial, ¿qué gesto harías? Seguramente, para que se nos entienda, todos haríamos el gesto de pellizcar la piel, como “quitando” una espinilla. Y esto está bastante lejos de la realidad. Primero, porque “higiene y extracción no son sinónimos”, indica María Fernández, coordinadora del área de estética de la escuela Thuya.

Una higiene facial tiene como objetivo limpiar la piel en profundidad, eliminar células muertas, exceso de sebo e impurezas, pero no siempre incluye extracción. La extracción es solo una parte del protocolo, que se realiza cuando hay comedones. Hay pieles que no la necesitan o que no toleran bien la manipulación”. Por lo tanto, la higiene es el tratamiento completo; la extracción, solo un paso dentro de él, explica la especialista.

En segundo lugar, esta representación habría sido de lo más simplista. El gesto de “apretar” o “explotar” el grano es más típico del “tratamiento” –a menudo, más bien, sangría–, que algunas personas llevan a cabo en casa, y que horrorizaría a cualquier profesional técnico de estética. La extracción, en caso de hacerla, se debe realizar “respetando la piel al máximo, y teniendo a nuestro alcance diferentes métodos para adaptarnos al caso concreto”, puntualiza Consuelo Silveira.

Primera fase de la fase

Una buena higiene completa, con extracción incluida, para Silveira consta de entre 9 y 11 pasos: “fase de desmaquillado de ojos y labios, fase de preparación (doble limpieza y tónico), fase de renovación (peeling químico, mecánico o blend), fase de extracción, fase de rehidratación, fase de oclusión y restauración (mascarilla), fase de masaje relajante y fase de protección”. Fernández indica prácticamente las mismas pautas, aunque, después de la extracción, incluiría una alta frecuencia u otra aplicación calmante para después de este proceso. Como decíamos anteriormente, una muestra del perfeccionamiento de este tratamiento es su ampliación y la diversificación de métodos propios.

Pero, enfocándonos solo en la fase de extracción, esta también tiene sus propios pasos. O, mejor dicho: todo el proceso de higiene cambia en función de si la terapeuta valora que la extracción es necesaria. En Thuya insisten en la personalización: “No todas las pieles requieren la misma intensidad ni los mismos productos. En nuestro caso, enseñamos a evaluar el tipo y estado cutáneo antes de decidir qué cosmético, método o técnica será más adecuado según el diagnóstico de la piel”, indica Fernández.

A grandes rasgos, antes de realizar una extracción debemos empezar por preparar la piel, con el fin de flexibilizar el estrato córneo y relajar el tejido, aumentando la permeabilidad de la piel y reduciendo el riesgo de inflamación o marcas. Desde Cazcarra Image School, la formadora Jackeline Cuenca nos da incluso cifras de estos beneficios. “Para nosotros, una extracción efectiva es aquella que combina eficacia y delicadeza. Por eso, en Cazcarra damos gran importancia a una buena preparación previa: una piel correctamente ablandada puede reducir hasta un 50 % la fuerza necesaria durante el procedimiento”.

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Los ablandadores epidérmicos son cosméticos o métodos que flexibilizan el estrato córneo y facilitan la extracción de comedones. Hay de dos tipos, explica María Fernández: los físicos, como el vapor de ozono; y los químicos, como los que contienen urea, enzimas, alfahidroxiácidos (AHA) o carbonato de sodio. “Los pros de utilizarlos es que permiten una extracción más suave, rápida y menos dolorosa. Como contras encontramos que algunos pueden irritar pieles sensibles, alterar el pH o causar eritema si se abusa del tiempo de exposición”, argumenta.

Consuelo Silveira tampoco tiene una respuesta firme con respecto a su uso; sino que “dependerá de su formulación y su mecanismo de acción sobre la piel. Si es por efecto rubefaciente (aumento de calor instantáneo) lo evitaremos en pieles reactivas, sensibles y con cuperosis o rosácea”.

De lo que sí se posiciona rotundamente a favor Silveira –salvo en caso de pieles extrasensibles– es del uso de vapor de ozono. “Es un auténtico mito pensar que el uso del vapor (siempre con ozono) es antiguo o nocivo para la piel. Todo lo contrario: es el método más natural y seguro para realizar una extracción correcta y con menos molestia para el cliente, logrando una verdadera higiene profunda con la mínima agresión. Eso sí, controlando los tiempos de exposición según el tipo de piel”, justifica.

Y es que, como apoya Fernández, el vapor, “aplicado en exceso, deshidrata. Por eso muchas profesionales optan por alternativas sin calor, como cosméticos flexibilizantes y mascarillas queratolíticas”. No obstante, y aunque no lo considera, en su caso, un imprescindible, reconoce y amplifica sus bondades: “ayuda a dilatar el poro, a flexibilizar el estrato córneo y a activar la microcirculación, y facilita la extracción”. Es decir, resume, mejora la oxigenación y favorece la penetración de activos.

Manos a la obra

A la hora de la extracción en sí misma, Fernández indica que “existen varias técnicas según el tipo de lesión y la zona”, pero lo que es un requisito imprescindible es que sea manual. “Las presiones que se hacen son digitales y suelen ser de dos tipos: bombeo o barrido”, continúa la experta. La clave, dice, “está en el control de la presión y la dirección del movimiento, evitando dañar el folículo”.

Jackeline Cuenca también nos habla de la importancia de ejercer una buena técnica en las maniobras, con movimientos controlados y la fuerza justa, evitando presiones descontroladas o manipulaciones agresivas: “Durante la extracción, cuidamos especialmente el control de la presión, trabajando siempre con presiones laterales, precisas y progresivas, evitando movimientos bruscos o hacia abajo. También es esencial conocer la anatomía del folículo: adaptar la técnica garantiza mejores resultados y evita lesiones”. E insiste: hay que respetar los límites de cada piel y no querer imponerse a esta. “Si un comedón no cede, no se fuerza; ya que insistir solo genera inflamación, dolor y posibles marcas”.

En cuanto a las herramientas, María Fernández recomienda servirse de hisopos o bastoncillos para las zonas pequeñas o de difícil acceso (como aletas nasales o comedones muy localizados). Para las zonas más amplias (mejillas, frente), y puesto que permiten una mayor sujeción, es frecuente ver utilizar gasas o tisúes. El problema es que, combinados con el guante, estos no permiten el contacto directo con la piel. Por eso, a este respecto, Consuelo Silveira es tajante: “la extracción se debe realizar con gasa de hilo suave en los dedos de la profesional, nunca con tisúes de papel, porque anulan la sensación de tacto y producen sobre la piel un efecto dermoabrasivo. Si es necesario, recurriremos a un sacacomedones o espátula”.

Por su parte, Jackeline Cuenca también ve riesgos en el uso de estos extractores metálicos rígidos, al igual que con las técnicas de succión intensa, “ya que pueden provocar lesiones, marcas o hiperpigmentaciones”. Del mismo modo, evitan “tisús ásperos o maniobras realizadas con uñas” para apostar por tisús humedecidos, protecciones digitales y, siempre, cosmética profesional homologada.

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Aparatos para ir más allá

¿En qué casos conviene pasar de una higiene manual al uso o combinación con aparatologías, por ejemplo, un hidropeeling o una punta de diamante? En opinión de la formadora de Thuya: “Cuando la piel requiera una renovación más profunda o uniforme, o cuando se busque un tratamiento más tecnológico y menos invasivo”. El hidropeeling, indica, es ideal para pieles deshidratadas o congestionadas, mientras que la punta de diamante estaría indicada para pieles engrosadas o con textura irregular. “También se elige según la tolerancia del cliente o si se busca evitar la manipulación manual, como en pieles reactivas”, concreta.

Para Consuelo Silveira, igualmente, estos recursos forman parte del arsenal terapéutico de los profesionales, que deben poder adaptar a cada circunstancia. “Deberíamos poder contar con todos estos medios y aplicarlos según el caso concreto, edad y tipo de piel. Hoy tenemos a nuestro alcance diferentes opciones para decidir protocolos de higiene personalizados. Por ejemplo, en nuestro método utilizamos el hidropeeling y la espátula bajo el caudal del vapor ozono. De ser necesaria la punta de diamante la utilizamos al finalizar la extracción, de forma muy suave, para poder ‘barrer’ posibles minidescamaciones de la capa córnea”.

Broche final

Tras extraer, toca calmar. “Después de una higiene, la piel está más receptiva, pero también más sensible, por lo que se deben aplicar activos calmantes, reparadores y equilibrantes”, explica María Fernández. Algunos de los activos que considera ideales son el pantenol, la alantoína o el bisabolol; el ácido hialurónico, con un mayor enfoque en la hidratación, y la niacinamida o el aloe vera para reducir rojeces. Si el protocolo se lleva a cabo por el día siempre se añadirá un filtro solar como último paso. Durante las 48 horas posteriores, se indicará a la clienta que evite activos agresivos como retinoides o ácidos fuertes.

Aunque el tratamiento haya sido completamente manual, en la fase de postextracción, la aparatología puede ayudar a sellar los beneficios. En el caso de Cazcarra Image School, al igual que en Thuya, “complementamos los activos calmantes, regeneradores e hidratantes con aparatologías específicas que potencian el efecto del tratamiento. La alta frecuencia nos permite desinfectar, calmar y ejercer un efecto bactericida sobre la piel”, concluye Jackeline Cuenca.