El tema del uso cosmético y estético en personas muy jóvenes está en el punto de mira. Nuestra opinión es clara: la piel de los menores se regenera sola, y el papel de la cosmética debería ser únicamente limpiar e hidratar para mantener su barrera saludable. Sin embargo, el papel de la estética, en lo técnico y lo personal, puede ser esencial para acompañarles a atravesar algunos cambios que a menudo sufre su piel.
Por Verónica López Alba
Todos hemos sido jóvenes alguna vez y hemos pasado por la etapa adolescente. Y, los que tenemos hijos en esta fase, volvemos a revivir los cambios hormonales que se producen. Muchos de estos cambios afectan a la autoestima, generan inseguridades o dudas. Para acompañarlos de la mejor manera en este proceso (en lo personal y lo profesional) debemos empezar por conocer qué está pasando en su organismo.
Marcas que afectan
Entre los 10 y los 14 años comienzan los primeros cambios en niñas, y entre los 12 y 16, en niños. Estos vienen determinados por las glándulas suprarrenales, que liberan hormonas, y son las que causan los primeros signos de la pubertad: exceso de sudoración, vello púbico, vello axilar… Aquí comenzamos a ver las transformaciones físicas tan representativas de la adolescencia, pero algunos de estos cambios nos van a acompañar por el resto de nuestras vidas.
Algunos de los eventos que mayor importancia tienen para los adolescentes son los que se producen en la piel. La producción de andrógenos estimula la actividad de las glándulas sebáceas, creando un exceso de sebo que empieza por verse en el nivel de grasa en la piel: su aspecto se vuelve más oleoso, sobre todo en frente, nariz y barbilla. En muchas ocasiones, este aumento de grasa produce un taponamiento en el conducto excretor de la glándula sebácea, que se ve reflejado en la piel en forma de comedón. Cuando el comedón acaba de salir lo vemos de un color amarillento, y después de unos días se torna negro por la oxidación de la grasa en superficie.
Una mayor producción de sebo pone a las bacterias en acción. Desafortunadamente, las bacterias adoran el sebo, y empiezan a multiplicarse, produciendo una inflamación cutánea. Este tipo de lesión cutánea, que viene en forma de rojez, inflamada, pero sin pus, se llama pápula. Otra forma en la podemos ver reflejado el acné es en forma de pústula, que también nos indica que ha habido una proliferación de las bacterias, solo que en este caso la lesión viene acompañada de pus; es decir, existe una infección.
Modo de vida antiacné
Este es el proceso que ocurre en la piel, pero el acné no solo viene derivado de los cambios hormonales, hay otros factores que ayudan a mejorarlo o a empeorarlo. Por ejemplo, las dietas ricas en azúcares y alimentos procesados. La glucosa adicional aumenta el nivel de azúcar en sangre, produciendo a su vez un pico en la insulina que estimula la producción de los andrógenos y que, de nuevo, conduce a una mayor producción de sebo. Es imprescindible llevar a cabo una dieta rica en verduras, frutas antioxidantes, carnes y pescados magros, y grasas omega 3, con propiedades antiinflamatorias que reducen el enrojecimiento y la inflamación.
El agua es también un factor importante, sobre todo en esta etapa. La manera en la que nos hidratamos puede tener cambios muy significativos en la piel. Los adolescentes suelen ser bastante consumidores de refrescos azucarados y carbonatados que no solo no aportan beneficios, sino todo lo contrario: empeoran la calidad de la piel. Tomar agua sola ayuda a mantener el equilibrio entre agua y grasa en la piel, evitando la deshidratación y controlando la secreción de sebo.

Por otro lado, la sobreinformación en redes sociales sobre el cuidado cosmético, proveniente, además, de personas sin ninguna titulación ni formación especifica, provoca el efecto contrario: mucha desinformación y un abuso o un uso inadecuado de productos. La realidad es que en esta etapa la función de los cosméticos solo debe ser la de mantener la piel limpia e hidratarla para mantenerla protegida, nada de los mil y un cosméticos que se venden, que en ningún caso son necesarios ni beneficiosos. La piel de un menor se regenera sola.
Distinto es el caso cuando la piel comienza a experimentar esos primeros cambios mencionados. Cuando empezamos a ver un exceso de sebo, los primeros comedones o lesiones acneicas, habrá que iniciarse en el uso de cosméticos encargados de restablecer el pH, reforzar la barrera cutánea y mantener una microbiota sana. En mi centro recomiendo limpiar la piel con un limpiador suave, libre de detergentes para mantener el agua en la piel y equilibrar la producción de sebo, con principios activos reguladores, calmantes y antiinflamatorios como el hamamelis, el pantenol, el aloe vera, la caléndula o el liquen. También recomiendo emplear una loción tónica de acción calmante y una crema detoxificante, antimicrobiana y antiinflamatoria, con efecto seboregulador y queratolítico (en nuestro caso, los activos que ejercen estas funciones son el extracto de algas, el micronizado de plata, el ácido láctico, la niacidamina y el ácido salicílico, junto al aloe vera).
Los productos, en todo caso, deben ser no comedogénicos, y en el caso de que tratemos con una clienta que comience a usar las primeras bases de maquillaje, debe tener en cuenta que estas no contengan cera de parafina, vaselina, aceites, siliconas ni lanolina. En nuestro centro recomendamos una crema de color reguladora y calmante para reducir las rojeces y proteger la piel de los daños medioambiantales que incluye óxido de zinc, extracto de raíz de regaliz y bisabolol.
Nuestro papel
Hay que tener en cuenta que nuestro papel como esteticista será el de tratar el acné hasta donde nuestras competencias lo permitan (es decir, solo casos de acné leve y moderado). Hay que saber hasta dónde podemos llegar y, en caso de que el tipo de piel o la solución que habría que dar no esté dentro de nuestras competencias, poner al cliente, en este caso, el adolescente, en manos de un dermatólogo, o trabajar en sinergia con él.
En todos los casos de acné leve y moderado es imprescindible la higiene en cabina por parte de un profesional, para liberar la piel del exceso de sebo, queratina y toxinas. Además, en estos casos podemos realizar, además de la higiene, un tratamiento con ácido láctico o salicílico de acción antibacteriana, aunque habría que adaptar los activos a cada tipo de piel. Personalmente, no me gusta utilizar vapor en mis higienes, dado que el acné tiende a la inflamación y el calor que desprende el vapor no favorece a este tipo de pieles.
Pero, más allá de nuestro desempeño “técnico” como profesionales, debemos tener en cuenta que el acompañamiento a un adolescente en esta época de cambios debe ser más completo. Que lo personal forma también parte de nuestro trabajo. El acné es algo muy emocional, que afecta a la autoestima de muchos jóvenes. Dedicar unas palabras de alivio, explicando que es algo que tiene solución, que es puntual y que, además, vamos a trabajar para producir una desinflamación y que su piel se encuentre en mejor estado, puede ser igual de importante que el tratamiento que realicemos.
Podemos decirle que los cambios hormonales no son eternos, que esto es algo que pasará, pero que debe cuidar cada día la higiene diaria y la alimentación, ¡que no reviente las pústulas si las tiene, ni toque las pápulas para que no se inflamen más! Recomendarle también que lleve las manos siempre limpias si va a tocar el rostro, que seque la piel con un paño suave sin frotar y luego lo ponga a lavar, que no comparta sus brochas y utensilios de maquillaje con otras compañeras y que no use esponjas (forman el hábitat perfecto para el desarrollo de hongos y bacterias! Nosotras recomendamos aplicar una crema de color directamente con las manos limpias). Un consejo final que podemos darle a nuestras clientas más jóvenes es: el acné no te acompañará siempre; pero tú piel, sí: ¡cuídala!

Verónica López Alba
Directora de Verónica López centro de rejuvenecimiento (Figueres, Girona)
Aprendí mis primeras lecciones como esteticista en el centro de mi madre cuando tenía 4 años: llevo toda la vida vinculada al mundo de la estética.
Estudié en Barcelona, trabajé durante 3 años en sector de la distribución de aparatología médico-estética y me especialicé en la creación de protocolos con aparatología y cosmética.
Hace 15 años que dirijo mi propio centro, donde no dejamos de trabajar para ofrecer las últimas tecnologías y tratamientos personalizados, en los que somos especialistas. Estudié un máster en Cosmetología y amplié mis conocimientos sobre acné para poder tratar cada tipo de patología adecuadamente.










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