Terapias Naturales La base de la Aromaterapia

Tan antigua como la humanidad, la aromaterapia es el arte de utilizar los aceites esenciales con el fin de conseguir o recuperar la salud, el bienestar y la belleza. A través de estos líquidos preciosos, saturados de sustancias naturales, y dotados de un perfume característico, se puede tratar la salud de las personas (y también de los animales), mejorar el aspecto físico y aportar una sensación de bienestar. Vamos a sumergirnos en el fascinante arte, casi alquímico, de los aceites esenciales. (Por María Serralta)
 
shutterstock_1299740
Los aceites esenciales son principios activos concentrados de origen natural, muy volátiles, que generalmente se presentan en forma líquida (con algunas excepciones), de color amarillento, y compuestos por decenas de sustancias naturales que les aportan su aroma característico y sus propiedades específicas. El número de componentes que encierran es tan elevado, y contiene elementos tan sutiles, que es a menudo difícil detectarlos, y por ese motivo, como explica Cristina Casaldaliga, Responsable de Formación de Alqvimia, “es muy difícil imitar un aceite esencial, porque en él está el alma y la fuerza vital de la planta”. Precisamente por este motivo es necesario usar los aceites esenciales naturales puros y asegurarse de que no sean sintéticos ni estén adulterados, para poder aprovechar todas sus propiedades, que se deben, precisamente, a su altísima concentración de principios activos naturales. Como ejemplo, cabe decir que para obtener un litro de aceite esencial de rosa de Bulgaria hacen falta cuatro toneladas de pétalos de rosa, o que un gramo de aceite esencial de limón equivale a la corteza de cincuenta limones. Por norma general, para producir 1 kg de aceite esencial se necesitan entre 10 y 20.000 kilos de planta.
Cada uno de ellos procede de una planta autóctona de distintas regiones del planeta: por ejemplo, la rosa damascena suele producirse en Bulgaria y Afganistán, los cítricos en España e Italia, la lavanda en Francia, el jazmín en la India o el árbol de té en Australia.
shutterstock_15558520
Una ciencia con milenios de historia
Escritos tanto chinos como egipcios, así como de la Antigua Grecia, datados antes de Cristo, muestran el uso de óleos y perfumes en diferentes ámbitos, desde rituales de todo tipo a curaciones. A caballo entre los siglos X y XI, Avicena, uno de los padres de la Medicina, redactó por su parte varios tratados en los que se refería a la actividad curativa de ciertas plantas y a cómo destilarlas. Ya en el siglo XX, a partir de los años 70, con la aparición de técnicas de análisis como la cromatografía en fase gaseosa (que permitió elaborar la cartografía bioquímica molecular de los aceites esenciales), la aromaterapia se considera una disciplina científica moderna y reconocida. René-Maurice Gattefosé (1881-1950), químico e investigador francés, está considerado como uno de los fundadores de la aromaterapia moderna.
“La aromaterapia científica define la utilización de los aceites esenciales con fines terapéuticos (así como el uso de aguas aromáticas, conocidas como hidrolatos, y otros aceites vegetales) en distintos ámbitos como pueden ser el médico, el veterinario, el psicológico, el estético o el cosmético”, explica José Guerrero, CBO de Terpenic Labs.
 
Solo unas pocas escogidas
De las más de 800.000 especies vegetales catalogadas, tan solo un 10% puede sintetizar una esencia que, una vez extraída, dará lugar a un aceite esencial, el extracto vegetal más concentrado y potente que se conoce. Solo algunas plantas, concretamente las aromáticas, producen en sus ramas, flores, frutos, raíces, bayas, resinas u hojas la esencia que se extrae obteniendo el aceite esencial. Alessandro Pejrano, de Terpenic Labs, explica que por lo general se obtienen por destilación por arrastre de vapor en alambique: “para ello, se deposita la planta a destilar en una caldera que se satura de vapor de agua. Las gotas capturan y arrastran las moléculas aromáticas de la planta, que se recogen tras refrigerar y condensar el vapor portador. Mediante este proceso se obtiene una pequeña fracción de aceite esencial (que se llama aceite por su característica flotabilidad en agua), y una cantidad mayor de agua aromática, el hidrolato (por ejemplo, el agua de rosas). Sin embargo, algunos vegetales, como por ejemplo el jazmín, el nardo o la violeta, no se pueden destilar porque no soportan las altas temperaturas, y es necesario recurrir a otras técnicas para extraer sus aceites esenciales. Cristina Casaldeliga, de Alqvimia, nos explica otro de los métodos tradicionales para obtenerlos, el enfleurage, que se utiliza especialmente con los pétalos de flores: “el principio del enfleurage es poner en contacto una grasa RBD (refinada, blanqueada y desodorizada) con material vegetal generalmente fresco, y dejarla en contacto durante un determinado espacio de tiempo, que puede ir desde unas horas a varios días”. Pasado ese tiempo, se remueve el material vegetal, se desecha y se reemplaza con material fresco, repitiendo la operación hasta que la grasa esté saturada. Posteriormente, la grasa se trata con algún solvente para separar el aceite.
Otro método utilizado, en el caso de los cítricos sobre todo, es la presión en frío de su corteza.
 
Un filón para el bienestar, la belleza y la salud
Cada aceite esencial tiene sus propiedades e indicaciones específicas que hay que considerar de manera individual, sin embargo todos ellos cuentan con poderosas propiedades tanto a nivel terapéutico como cosmético, emocional o mental: los hay que mejoran el estado general de salud, otros equilibran los estados emocionales, muchos de ellos presentan un gran poder antiséptico, otros ayudan a prevenir el envejecimiento prematuro y aumentan la regeneración celular, hidratan en profundidad, reducen el nivel de estrés… por eso es fundamental, para su uso correcto y totalmente seguro, conocer sus propiedades particulares y sus aplicaciones, ya que no se puede generalizar.
Asimismo, se pueden utilizar de diferentes maneras. Al tratarse de principios activos muy concentrados, por norma general no se utilizan directamente sobre la piel, sino que se diluyen previamente en un aceite vegetal. A nivel oral, algunos se pueden tomar en pequeña cantidad, con precaución y siempre bajo prescripción de un profesional de la salud experto en aromaterapia. Sus moléculas, debido a su peso molecular y su bajo tamaño, penetran perfectamente en los tejidos, tanto a nivel tópico como oral o respiratorio. Además, también se utilizan en difusores de esencias y humidificadores, en baños (al no diluirse en agua, se recomienda diluirlos en sales, que por otra parte también aportan otros beneficios), en sauna, en inhalaciones de vapor o sobre un pañuelo (ya sea para inspirar o para colocar en la funda de la almohada y promover un sueño reparador), así como para masaje (siempre mezclados con un aceite vegetal portador), o directamente sobre la piel en algunos casos, para estimular puntos energéticos.
 
Cómo actúan sobre el organismo
Cristina Casaldeliga, de Alqvimia, nos lo explica: los aceites esenciales pueden ejercer una doble acción, tanto a nivel físico (por vía tópica o ingesta), como psicológico al inhalarlos, lo que supone un estímulo neuronal directo. Actúan a nivel celular, bioquímico y psico-biológico, y su absorción, su vida y su eliminación una vez en contacto con el organismo dependen de muchos factores. María Cabrera, técnico en estética de Ten Image, recalca que es importante saber cómo y cuándo utilizarlos, “ya que trabajan por el torrente sanguíneo durante unas dos semanas o más, por lo que hay que seguir unas medidas correctas en ese período”.
Los aceites esenciales puros y naturales son muy seguros si se utilizan correctamente y en dosis pequeñas. Sin embargo, no debemos confundir ‘natural’ con ‘inocuo’. Como con cualquier otra sustancia, el uso inadecuado de un aceite esencial puede tener consecuencias adversas, que pueden ir desde una dermatitis a una quemadura, pasando por una intoxicación, si no se utilizan con precaución y siguiendo sus instrucciones. Por ejemplo, a nivel cutáneo, no deben utilizarse nunca solos directamente sobre la piel en forma de masaje, es necesario diluirlos en una base portadora (por lo general, un aceite vegetal), a una concentración máxima del 3% para su uso corporal y del 1% para el facial.
Como norma general, no se utilizan en mujeres embarazadas y lactantes, ya que por su altísimo poder de penetración pueden atravesar la placenta e interferir en el correcto desarrollo del feto, porque también son absorbidos por la leche materna, y porque algunos pueden interferir en el ciclo hormonal femenino. Aunque existen aceites esenciales considerados seguros tanto para la madre como para el bebé, la recomendación general si no se dispone de información específica es la de evitar su uso. Por otra parte, Laura Sanz, de Alqvimia, añade que “no se recomienda el uso de aceites esenciales en personas con epilepsia, ya que pueden desestabilizar el sistema nervioso e interactuar con la medicación; así como en personas con crisis de asma. En bebés y ancianos, se recomienda utilizar dosis más bajas, debido a su fragilidad y a su sensibilidad, y en casos de hipertensión debe evitarse el aceite esencial de romero, pues en sujetos sensibles puede provocar un aumento de tensión arterial”.
Por todo ello, y como explican desde Cazcarra Image Group, una persona que desee incorporar la aromaterapia a sus tratamientos para aprovechar sus grandes beneficios debe tener una formación adecuada. “El profesional debe tener también en cuenta el estado de ánimo de su cliente. Tiene que mezclar aceites y controlar las proporciones considerando el resultado que desea obtener, pues hay esencias tan intensas que deben usarse con cantidades mínimas”, añaden.
 
Cómo elegirlos
María Cabrera, técnico en estética de Ten Image, advierte que “no todos los aceites esenciales presentes en el mercado son iguales, y precisamente una de las máximas de las que puede fiarse un profesional al adquirirlos, es que no es posible encontrar un aceite esencial de calidad barato. Los aceites esenciales se venden en envases pequeños (debido a su precio), con pipeta (para controlar su administración por gotas) y opacos, ya que la luz solar u otros factores externos pueden malograr sus propiedades”. De hecho, añade, “el tamaño de un aceite esencial comparado con su precio puede parecer muy exagerado, sobre todo en casos como el neroli. Hay factores que hacen aumentar su precio: la cantidad de materia prima necesaria para lograr una dosis aceptable de aceite, la rareza o dificultad a la hora de cultivar esa materia prima, o lo rigurosas que sean las normas ecológicas que se sigan (como que la plantación esté considerablemente alejada de zonas con contaminación)”.
Por otra parte, según los expertos de Terpenic Labs, es importante que en su estuche o etiqueta aparezca toda la información relevante del aceite, su nombre en latín, su origen, la parte de la plata utilizada y su quimiotipo (si es relevante). Que un producto esté etiquetado como ‘aceite esencial’ no significa que sea puro, pues se pueden adulterar con esencias más baratas (por ejemplo, la rosa se diluye a menudo con geranio y palmarosa). Si el aceite esencial no es puro, como advierten desde Alqvimia, no se obtendrán los resultados esperados.
Es importante no confundirlos con otros tipos de aceites: se suelen confundir los aceites esenciales (por ejemplo, el de lavanda) con los aceites vegetales (como el de rosa mosqueta). “El primero es un principio activo concentrado obtenido por destilación y que requiere especial atención en su uso, mientras que el segundo es una sustancia grasa, obtenida por presión, igual que el aceite de oliva que utilizamos para cocinar”, concluye José Guerrero, CBO de Terpenic Labs.
 
Lavanda y árbol de té, los más comunes
Son, probablemente, los dos aceites esenciales con más respaldo científico, y dos de los más comunes en aromaterapia. La lavanda, por ser el aceite esencial con el que se inició lo que se conoce como la aromaterapia moderna, y el árbol de té, por el interés de las universidades australianas por estudiar una de sus materias primas más preciadas. Además, en ambos casos se trata de aceites con un amplio espectro de actividad, lo que los convierte en indispensables en cualquier botiquín aromático.