Así influye la postura corporal en el envejecimiento

Postura Corporal

El envejecimiento prematuro es cosa de la edad cronológica. Pero los que nos dedicamos a la estética sabemos que hay otros muchos factores que influyen, para bien o para mal. No solo la alimentación, el alcohol y el tabaco. Una mala postura corporal también pueden echarnos diez años encima.

Ya lo decían nuestras abuelas: “¡niña, ponte recta!” Quizá tras su enérgico consejo no había intencionalidades de belleza. Pero, sin saberlo, nos estaban ayudando a que las arrugas no llegaran antes de tiempo. Porque la higiene postural influye directamente en el tono muscular y el envejecimiento de la piel y el rostro en general.

Cuando aparecen los primeros signos de envejecimiento solemos asociarlos a la edad cronológica y, aunque en algunos casos sea así, muchos de ellos empeoran prematuramente o aparecen antes de tiempo debido a las malas posturas, explica Yvette Pons, facialista con más de 30 años de experiencia en el sector de la estética y la salud, y propietaria del instituto de belleza que lleva su nombre. “Si no ponemos remedio, podríamos estar hablando aparentemente de un envejecimiento prematuro de unos ocho o diez años, aunque lo más importante es cómo puede afectar a nivel de nuestra salud y envejecimiento esquelético, que puede ir repercutiendo en un desgaste óseo y articular, falta de tono muscular, movilidad, dolor…”, sostiene Pons.

Postura Corporal Expertos Pons
Yvette Pons

Desde el punto de vista de la estética, los tratamientos faciales tampoco serán tan efectivos en un cliente con mala higiene postural. Por eso es importante ejercer una labor informativa sobre la importancia de los cuidados de manera integral, que tenga en cuenta este factor.

La fascia es tejido conectivo, formado por fibras colágenas, elásticas y reticulares, que sostiene los músculos juntos y los mantiene en el lugar correcto; de ahí que el envejecimiento afecte también a la postura

Pero, ¿cómo influyen exactamente las posturas en el envejecimiento? El sistema locomotor está constituido por el esqueleto óseo. Los diferentes huesos se unen entre ellos por los ligamentos que, a su vez, están conectados con los músculos esqueléticos. Al contraerse, los tendones mueven las articulaciones óseas. “Cuando empieza a reflejarse una modificación postural en cualquier zona de nuestro cuerpo, esta repercute directamente en las demás, hasta en nuestro rostro. Pero cuando nos miramos al espejo, lo visualizamos de manera individual con el resto del cuerpo, y separamos la cabeza del tronco cuando en realidad somos todo uno”, advierte la facialista.

Sabemos que, al hablar de envejecimiento, a la edad cronológica debemos añadir el efecto de los hábitos de vida (sedentarismo, alimentación, tabaco etc). ¿Cuál es la parte de “culpa” que tiene exactamente la postura en ese cóctel? Pasados los 30 años, comienza una pérdida progresiva de la masa del músculo esquelético, que se convierte en grasa.

El cambio hormonal que aparece hacia los 40 tiende a afectar a la hidratación natural de la piel, dando paso a una importante carencia de agua en los tejidos. Eso hace que las fibras de colágeno y elastina (el andamio que sustenta la piel) empiecen a debilitarse, empobreciéndose pasados los 45 por una caída natural en la producción de hormonas. Y, una vez se cumplen los 60, estos signos se acentúan. “Con el paso de los años, el metabolismo de las células dérmicas disminuye su ritmo; lo que conlleva que la velocidad para sintetizar el colágeno se vea mermada, afectando directamente a la firmeza y elasticidad de la piel. Teniendo en cuenta que la fascia es tejido conectivo formado por fibras colágenas, elásticas y reticulares, que sostiene los músculos juntos y los mantiene en el lugar correcto para que puedan moverse suavemente uno contra el otro, entendemos cómo el envejecimiento afecta a la postura”, apunta María José Bordera Rojas, fisioterapeuta experta en dermatofuncional de Clinique La Prairie Madrid.

A esas variables debemos añadir una más: el dolor. “Debemos tener claro que si no cuidamos nuestra postura, a largo plazo nos provocará dolor y, como consecuencia, el cuerpo tendrá un sufrimiento extra que se traducirá en un envejecimiento tanto estético como corporal”, detalla David Pueyo, fisioterapeuta de AC DermaStudio.

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María José Bordera Rojas Y David Pueyo

Qué posturas envejecen

No se pueden segmentar las zonas del cuerpo que influyen en el envejecimiento facial, advierte Pueyo. “Para evitar un deterioro prematuro del rostro no podemos ver al cuerpo por partes, hay que trabajarlo en su conjunto para que la postura mejore en general”.

Sin embargo, hay “pistas” acerca de posturas que sabemos que repercuten de forma negativa. Los hombros adelantados son una de las consecuencias del estilo de vida que tiene la sociedad en el siglo XXI y son una de las zonas que más puede influir en el rostro, añade el fisioterapeuta. Y esto se debe al uso continuado y diario de los ordenadores, tabletas, móviles, etc., que afecta no solo a la postura de los hombros, sino también de la cabeza. El sedentarismo y hábitos como cruzar las piernas al sentarnos son igualmente “fuerzas deformantes continuas que aceleran el proceso de envejecimiento al mermar la capacidad de recuperación”, apunta Bordera.

Postural Corporal
Así influye la postura corporal en el envejecimiento

Yvette Pons afina un poco más y explica que el envejecimiento del tercio inferior de la cara, cuello y óvalo, las arrugas de marioneta o las llamadas “mejillas de bulldog”, están directamente asociados a la tensión de las fascias abdominales.Están entrelazadas con las pectorales, y estas, a su vez, a la aponeurosis pectoral, desde donde nace el músculo platisma del cuello, que se inserta en su parte superior por encima del borde mandibular. La tensión de toda esta cadena fascial influye en la capacidad de respiración diafragmática y sobre el acortamiento y fibrosamiento de los músculos del cuello, que tiran hacia abajo todo el tercio inferior del rostro. Así provocan el descolgamiento y deformaciones de sus músculos sub- y adyacentes”.

Según explica Yvette Pons, el envejecimiento del tercio inferior de la cara, cuello y óvalo, las arrugas de marioneta o las llamadas “mejillas de bulldog” están directamente asociados a la tensión de las fascias abdominales

En cuanto al envejecimiento del tercio superior del rostro, se relaciona de modo directo con el tejido fascial posterior del cuerpo, desde la planta de los pies, pelvis, espalda, cráneo y frente. “La poca elasticidad de los isquiotibiales influye sobre la correcta apertura de los isquiones que, a su vez, repercute en la correcta postura de la columna vertebral, en la hipertrofia cervical, fibrosamiento de los músculos del cráneo y aponeurosis, llegando a provocar espasmo y acortamiento del músculo frontal y temporal, acusando su poca elasticidad y retorno de sus movimientos”, agrega Pons. Esto se traduce en una acentuación de las líneas frontales y del entrecejo, caída de las cejas y debilidad del músculo orbicular de los ojos, junto con la aparición de las patas de gallo.

Qué soluciones hay

Mantener una postura correcta supone lograr que el eje de todo el cuerpo esté recto, desde los pies hasta la cabeza. Hay que imaginar que trazamos una línea desde el tobillo, el lateral de la rodilla, el hueso pélvico, la parte superior del hombro y la oreja. También hay que prestar atención a no doblar las rodillas al estar derechos, que la pelvis esté equilibrada (ni en ante- ni en retroversión), que el abdomen no salga hacia adelante; comprobar cómo están los hombros y asegurarse de que el eje cervical no se proyecte hacia delante.

Sin embargo, a veces no es sencillo reparar en todo esto. No vamos por la vida chequeando a cada poco si estamos bien colocados… hasta que un día alguien nos alerta de que nuestra postura no es la correcta, si es que antes no nos ha advertido el propio cuerpo con dolores y lesiones que nos han obligado a acudir a un especialista. La mejor manera para identificar el problema es buscar ayuda de un buen profesional, un terapeuta que esté especializado en corrección postural, que pueda ayudar a recolocar las articulaciones y la anatomía ósea a su lugar de origen.

Y también existen muchas disciplinas que ayudan a mejorar la postura, entre ellas el yoga y el pilates, o ejercicios de tonificación y musculación. “El objetivo es tonificar la musculatura encargada de mantenernos en una correcta posición. La musculatura que es fundamental para tener una correcta postura es el core (musculatura abdominal y lumbar), los músculos interescapulares (principalmente los trapecios), y por último, los rotadores externos de hombros”, explica David Pueyo.

“Si respetamos la ley de la fisiología y de la anatomía, cuidamos la pelvis, la columna, los hombros, el cuello, el tórax y toda la postura corporal; y mantenemos el diafragma relajado, conseguiremos retrasar y ralentizar sobre todo el envejecimiento musculoesquelético facial. De la misma manera, cuando tratamos localmente el rostro con tratamientos localizados, el resultado no será del todo exitoso si paralelamente no incidimos sobre la biomecánica corporal”, concluye la facialista Yvette Pons.

Yoga facial: cuello y escote