Cuidados de la piel en invierno

¡Bienvenido, invierno!

Con el cambio de estación es vital adaptar nuestra rutina cosmética para atender las necesidades de la piel.

Al mal tiempo… ¡Buena cara! Porque… ¿Quién dijo miedo al frío? Aunque es cierto que con la llegada del frío y la bajada de las temperaturas la piel sufre especialmente, si adquirimos unas nuevas rutinas cosméticas nos aseguraremos de atender las nuevas necesidades de la piel.

Con el frío, la vascularización de nuestra piel se resiente debido a la vasoconstricción de los vasos sanguíneos. Con esta reducción de la vascularización, nuestras células cutáneas reciben menos oxígeno y nutrientes, de ahí que nos veamos la piel más cansada y desvitalizada. Por otro lado, debido al frío, la actividad de nuestras glándulas sebáceas se ralentiza produciendo menos sebo, lo que repercute directamente en la función barrera de nuestra piel, dejándola más expuesta a las agresiones externas y favoreciendo que pierda su humectación natural.

Este cambio de escenario cambia a su vez las necesidades de nuestra piel con lo que es vital adaptar nuestra rutina cosmética a la nueva estación, tal y como nos explican los expertos de Bruno Vassari. Solo así nos aseguraremos de que los productos que estamos utilizando responden a las necesidades específicas que surgen con los cambios estacionales.

1. Revisa tu rutina de limpieza

Mientras que en verano nos sentimos tentados a utilizar productos jabonosos que aporten sensación de frescura, es importante que, cuando bajan las temperaturas, hagamos el cambio a productos que limpien de manera suave. En invierno, la piel se deshidrata con mayor facilidad, así que mejor optar por productos que aporten menos detergencia.

2. Escucha a tu piel y dale lo que te pide

La piel en invierno suele necesitar productos que aporten mayor sensación de confort. Con el viento y las bajas temperaturas la piel se deshidrata con mayor facilidad así que es importante aplicar productos que refuercen su barrera exterior. Escucha lo que te pide tu piel y adapta tu tratamiento a estas nuevas necesidades.

3. Ponte en manos de tu profesional de confianza

Nada mejor para afrontar las bajas temperaturas que ponerte en manos de tu profesional de confianza para dejar tu piel a punto para el frío. Un tratamiento que la hidrate y nutra en profundidad a la vez que refuerce su barrera defensiva te asegurará una piel perfecta, aunque el termómetro marque temperaturas gélidas.

4. En invierno, mejor medias tintas

El frío acentúa la sensibilidad de nuestra epidermis así que mejor evitar tanto las temperaturas extremas como los cambios bruscos de temperatura. En tu día a día, mejor evita limpiar tu piel con agua muy fría o caliente, para evitar contrastes que puedan irritarla o congestionarla. Las temperaturas extremas generan estrés térmico que ocasionarán más congestión e irritación. Opta, siempre que sea posible, por utilizar agua tibia.

De la misma manera, evita los cambios bruscos de temperatura ambiental. En invierno, la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior suele ser muy acentuada, hecho que también puede llegar a congestionar la superficie cutánea. Intenta moderar la temperatura de la calefacción y así evitarás contrastes muy marcados que puedan generar respuestas indeseadas.

5. A veces, una crema no es suficiente

Y es que, aunque cambiemos nuestra crema y la adaptemos al duro invierno, es probable que tu piel siga necesitando algo más. Así que, si los sérums aún no habían llegado a tu vida, ahora es el mejor momento para que hagan su entrada estelar.

6. No olvides tus labios

Aunque el uso de mascarilla los haya relegado a un segundo plano, no olvides tratar tus labios de manera específica. Si hay una zona que sufre las inclemencias del invierno, esta es, sin duda, la de los labios. Por ello, no olvides aplicar a diario un bálsamo de tratamiento específico que los mantenga perfectamente hidratados.

7. Protección solar también en invierno

Aunque la radiación solar en invierno no es tan agresiva no debemos bajar la guardia y debemos seguir protegiéndola del sol como parte de nuestra rutina diaria de tratamiento.