Asociamos la imagen de los balnearios a una escapada de fin de semana. Un par de días de ocio para mimarse en piscinas de aguas termales. Sin embargo, en el caso de las aguas mineromedicinales, su potencial va mucho más allá que el de proporcionarnos un rato de bienestar. Sus beneficios para la salud están probados. Su posible próxima aplicación: ayudar a los pacientes de covid a mejorar de sus secuelas.
En España no existe una conciencia de salud sobre los centros termales tan desarrollada como en otros países. La mayoría pensamos en ellos como algo recreativo, sin tener en cuenta que sus beneficios van mucho más allá del ocio y saltan al campo de la salud. Incluso se confunden con los spas (ver recuadro). De hecho, históricamente muchos balnearios han desempeñado un papel importante en el tratamiento de enfermedades, incluso en situaciones de emergencia sanitaria como la actual.
Por ejemplo, el balneario de Archena, ubicado en este municipio murciano, trató a pacientes de la gripe de 1918, y años más tarde hizo lo mismo con pacientes afectados por el aceite de colza. Los enfermos de la gripe española también recibieron tratamiento en otros centros como los Baños de Paracuellos de Giloca (Calatayud), el balneario de Liérganes (Santander) o el balneario Fortuna (Murcia). Y el actual balneario de Carlos III en Trillo (Guadalajara) albergó en el pasado el Instituto Leprológico. La capacidad curativa de las aguas de sus fuentes se empleaba también en el tratamiento de otras enfermedades como la escrófula o el reúma.
Pero en todas estas aplicaciones para la salud no es apta cualquier agua. Hablamos de las que son mineromedicinales, con unas características específicas. “Son aguas de origen natural y pureza microbiológica con propiedades terapéuticas conocidas y probadas por su contenido en sales minerales que deben mantenerse constantes”, explica Juan Jesús Gestal, director de la cátedra de Hidrología Médica USC-Balnearios de Galicia, de la Universidad de Santiago de Compostela. Además, tienen que ser declaradas de utilidad pública por el Estado, según sus propiedades aptas para usos terapéuticos.
Aunque existen diversas clasificaciones, la que más se utiliza es la química. Por la relación de aniones/cationes que tiene su contenido, este sistema clasifica las aguas en cloruradas, sulfuradas, bicarbonatadas, sulfatadas, carbogaseosas, radioactivas y oligometálicas o de débil mineralización. “Es importante destacar que un agua mineromedicinal puede compartir varias composiciones y a ello se atribuyen los múltiples beneficios que puede aportar para la salud”, agrega el experto.
Hoy en día la cura balnearia continúa siendo indiscutible como factor coadyuvante en la prevención, tratamiento y rehabilitación de enfermedades
Sanar con hidroterapia
Hay muchas dolencias que pueden beneficiarse ya sea con la cura balnearia por sí sola o como coadyuvante de otros tratamientos médicos. “Algunas indicaciones de la cura termal del pasado han perdido importancia en la actualidad, debido a los avances en los diagnósticos etiológicos y terapéuticos. Es el caso de algunas patologías digestivas, del aparato genital femenino y del aparato cardiovascular –explica Gestal–. Sin embargo, hoy en día la cura balnearia continúa siendo indiscutible como factor coadyuvante en la prevención, tratamiento y rehabilitación de procesos patológicos de evolución crónica como las patologías del aparato locomotor, como el reumatismo, causante directo de un 15 por 100 del absentismo laboral en Europa”.
También son útiles para tratar afecciones de la piel, procesos inflamatorios crónicos inactivos y del aparato respiratorio, entre otras, o incluso para evitar un consumo excesivo de fármacos.

¿Balneario, spa o talasoterapia?
La diferencia, no siempre bien conocida, entre un balneario, un centro de talasoterapia y un spa está en el agua. Los balnearios emplean agua mineromedicinal, los centros de talasoterapia tienen agua marina y los spas, agua común. Tanto balnearios como talasos aprovechan el recurso allí donde se encuentra, por lo que pueden deslocalizarse. Además, los balnearios cuentan con servicio médico y están regulados por el Real Decreto sobre centros, servicios y establecimientos sanitarios.
“Las aguas mineromedicinales son la base de la cura balnearia, una terapia poco agresiva y bien tolerada que rara vez ocasiona efectos secundarios. Se trata de una terapia compleja que aporta, además de los efectos curativos específicos de acuerdo a las características del agua, las vías y técnicas de administración, los beneficios de las circunstancias ambientales que ofrece el balneario (régimen de vida, alimentación, ejercicio físico, educación sanitaria, relaciones sociales y relación médico-paciente)”, explica Benigno Amor, gerente de la Asociación de Balnearios de Galicia.
La temperatura importa
En las propiedades curativas del agua hay otro elemento importante: su temperatura. Existen aguas mineromedicinales hipotermales (a menos de 35 ºC), mesotermales (entre 35 y 37 ºC) e hipertermales (a más de 37 ºC).
Benigno Amor, gerente de la Asociación de Balnearios de Galicia, detalla que, según la normativa, “son aguas termales aquellas cuya temperatura de surgencia sea superior en cuatro grados centígrados a la media anual del lugar donde alumbren”. Si la temperatura es baja, las aguas producen vasoconstricción y sensación de estímulo.
Pero en los centros termales las aplicaciones son mayoritariamente con temperaturas elevadas, “lo que provoca efectos locales como vasodilatación; y generales, como aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca transitoria, aumento de la sudoración, sensación de calor agradable y tendencia al sueño, hipotensión arterial y aumento de la temperatura corporal”, agrega el gerente de Balnearios de Galicia. A estos se suman otros efectos como el sedante, el analgésico o la mejora de la respuesta inmunológica.

España, rica en aguas mineromedicinales
En España hay una gran riqueza de aguas mineromedicinales con todos los tipos de aguas, fundamentalmente las cloruradas, sulfuradas, bicarbonatadas, carbogaseosas y radioactivas.
Hay 113 balnearios repartidos en 102 villas termales. Galicia es la líder del listado: cuenta con 21 balnearios. Le siguen Cataluña con 19, con 11 Andalucía y Extremadura; Aragón con 10; con 7 Castilla y León y la Comunidad Valenciana; con 6 Castilla La Mancha y Cantabria, y con 3 la Rioja, Murcia, Navarra y País Vasco.
Cuenta pendiente
Pero, si los beneficios de la hidroterapia son tantos y tan conocidos, ¿por qué no forma parte de la cartera de tratamientos financiados por la Seguridad Social? La Organización Mundial de la Salud reconoce desde 1986 como terapia médica el uso de aguas termales. Y en países como Francia hay una tradición muy arraigada en este tipo de tratamientos, incluso financiados por la sanidad pública, con balnearios de larga tradición como el de Uriage, en los Alpes franceses.
“La balneoterapia debería estar contemplada como prestación sanitaria en el Sistema Nacional de Salud, al igual que lo está en otros países, en aquellas patologías en las que exista evidencia científica de los efectos beneficiosos de la cura balnearia, que son muchas. Además, permitiría indirectamente el desarrollo económico y la fijación de población en las zonas rurales en donde están ubicados los balnearios y la explotación de la enorme riqueza que poseemos en aguas mineromedicinales”, opina Gestal.
En todo caso, el experto advierte de que también se necesita que los balnearios “inviertan recursos y pongan en marcha actividades de tratamiento y de rehabilitación bien protocolizadas y dotadas de recursos humanos y equipamiento para aquellas patologías en las que existe evidencia científica de su utilidad”.
Benigno Amor añade por su parte que incluir la balneoterapia en la Sanidad pública supondría beneficios en tres frentes. En primer lugar, “podría reducir gasto sanitario y farmacológico para pacientes afectados de determinados problemas crónicos o en fase de rehabilitación, que mejorarían su calidad de vida”. En segundo lugar, esta decisión situaría a los balnearios españoles al mismo nivel que sus homólogos europeos. Y, por último, asegura que también sería beneficioso para las comarcas en que se encuentran: “La mayor parte de los balnearios se encuentran en la denominada “España vacía”, donde han venido desarrollando una importante función como dinamizadores socioeconómicos, creando empleo y evitando el despoblamiento en muchas comarcas”, concluye.

Cómo formarse en hidrología médica
Hasta la mitad del siglo pasado, la Hidrología Médica formaba parte de los planes de estudios de la Licenciatura de Medicina de las Facultades de Medicina. Los avances de la farmacología a partir de los años 50 la relegaron a un segundo plano, dejando de impartirse como tal en las Facultades de Medicina de España.
“Esto hace que los médicos españoles apenas tengan conocimiento de la cura termal, pese a la gran tradición en nuestro medio de los tratamientos con aguas mineromedicinales”, lamenta Juan José Gestal, director de la cátedra de Hidrología Médica USC-Balnearios de Galicia, de la Universidad de Santiago de Compostela.
Los actuales grados de Medicina no incluyen formación en hidrología médica. La información que reciben los alumnos es tan solo puntual. En la Universidad Complutense hay una cátedra con actividades de posgrado. Por su parte, la docencia de Hidrología Médica comenzó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela en el año 2006, fruto de un acuerdo con la Asociación de Balnearios de Galicia.
Cuatro años después nacía, con el apoyo de la Axencia de Turismo de Galicia, la Cátedra de Hidrología Médica, la segunda que existía en España, y que forma cada curso a más de un centenar de alumnos.
En otras universidades (Complutense y Europea de Madrid, A Coruña y Castilla La Mancha) se imparte en las Escuelas de Fisioterapia y de Enfermería y en algunos posgrados y cursos de verano.
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