El esfuerzo por adelgazar supone un verdadero tormento para muchas personas. Con cada nueva estación vuelve la angustia. Los kilos de más se hacen evidentes con el cambio de armario y esas prendas que se han quedado pequeñas.

Los meses de septiembre y octubre son especialmente duros al respecto, ya que en el verano se viene a engordar una media de tres kilos. La culpa, ya se sabe, los aperitivos, el alcohol y los helados, en definitiva, la modificación de los hábitos alimenticios.  En el regreso, nos pesamos de nuevo y , otra vez, arrancamos el otoño con el propósito de ponernos a dieta, como todos los años.

Este círculo vicioso resulta especialmente duro si se tiene sobrepeso y se ha fracasado en más de una, de dos y hasta de tres ocasiones en la pérdida de peso. Estas personas llegan a un punto, explica el experto en diagnóstico de la obesidad, José Luís Sambeat, que no ven salida a su problema.

Para el doctor la clave está en la máxima que aplicaba Einstein a la investigación científica: “ si haces las cosas siempre de la misma manera, los resultados van a ser los mismos”. Así, Sambeat propone trabajar primero la vertiente psicológica de la pérdida de peso para poder abarcar después de la vertiente nutricional.

Comer con la cabeza

No, no se refiere el médico nutricionista, tan sólo a ignorar esas dietas rápidas y milagrosas que además de producirnos efecto rebote nos complican la salud; ni siquiera a no imitar los regímenes de amigos y familiares  o a obviar los planes de comidas que se alejen de nuestro sentido común.

Aunque el experto siempre destaca estas claves como imprescindibles a la hora de lo qué no debes hacer si sigues una dieta, Sambeat remarca en este caso la importancia del coaching nutricional.

El coaching, implantado en la actualidad, como método de entrenamiento para lograr nuestros propósitos, nos ayuda con la báscula “ como un proceso mental para aprender a conocernos a nosotros mismos  y regalarnos  las herramientas que necesitamos para la pérdida de peso”.

Se trata, explica el doctor, de eliminar las conductas y reemplazar los hábitos que nos llevan al fracaso. Estos meses serían un buen ejemplo de cómo emplear el coaching nutricional para romper la cadena de la obesidad.

Regresamos a la rutina y a la báscula. Nos pesamos y adoptamos de nuevo la determinación de ponernos a dieta.  Cuando llevamos unos días con esa inquebrantable determinación, las cosas comienzan a complicarse en el trabajo, en la reorganización de la casa… Sucumbimos entonces y decidimos que no es el mejor momento para suprimir el chocolate, nuestro pequeño premio nocturno, o el aperitivo con los compañeros, que tanto nos calma el estrés. Van pasando los días, que se convierten en semanas y no sólo no perdemos peso, sino que ganamos.

Hemos hecho, pues, las cosas como siempre y hemos obtenido el mismo resultado.

 

Marcar tu meta

Ponerse el objetivo de “perder peso” así, sin más,  es un objetivo algo difuso, y este aspecto es uno de los motivos por los se fracasa a la hora de adelgazar. Para José Luís Sambeat la clave para iniciar el camino hacia el éxito es marcarse una meta, que debe ser específica, medible y asequible, dentro de un tiempo determinado. Por ejemplo decir, “quiero perder cuatro kilos en los próximos cuatro meses”.

Es un propósito realista, que se puede medir en la báscula y que abarca un tiempo concreto.

Esta meta no debería ir acompañada de otras, aunque sean menores, como por ejemplo, dejar de fumar, aprender un idioma nuevo… para poder focalizar el sacrificio y la motivación en el objetivo principal. Si el dejar el tabaco supone un gran esfuerzo añadido, deberíamos centrarnos, de momento, únicamente en modificar nuestro menú. Si diversificamos nuestras fuerzas aumentamos las posibilidades de fracasar.

Incluso, ahora que tenemos mucho tiempo por delante,  podría ser deseable, dividir esa meta mayor, la de perder un  número determinado de kilos, en pequeños retos más asequibles al principio para reforzar nuestra autoestima a medida que los vamos consiguiendo.

Por ejemplo, propone el nutricionista,  podríamos plantearnos, si aún no lo hacemos, durante la primera semana, lograr beber dos litros de agua todos los días, o caminar veinte minutos diarios a buen ritmo. Conforme vayamos logrando estos pequeños objetivos podríamos incrementar la dificultad de los propósitos a conseguir. De esta forma, casi sin darnos cuenta, habremos ido incorporando a nuestra rutinas hábitos beneficiosos que nos encaminaran hacia nuestro gran objetivo: lucir una figura envidiable el próximo verano

¿El camino para alcanzar la meta? Seguir las pautas determinadas que te marque un profesional experto. José Luís Sambeat aporta su Coaching Nutricional , un libro que establece un claro plan de acción, con ejercicios simples y divertidos que permiten al paciente involucrarse en el proceso.