Por Mayte Martínez

¿Cómo dar protagonismo a unos ojos pequeños? ¿Y aumentar su expresividad? ¿Podemos corregir la forma del rostro? ¿Hay modo de disimular una nariz demasiado grande? ¿Qué color de maquillaje resulta más favorecedor para según qué tono de piel? A estas y otras preguntas el visagismo puede dar respuesta. Siempre con un buen manejo del maquillaje y un conocimiento perfecto de todas y cada uno de las técnicas a utilizar.

corrective therapy for beautiful female face by beautician – close-up

La idea de belleza es abstracta y compleja. Un conjunto de categorías basadas en la composición de las partes y el plano espiritual, ese “no sé qué” mezcla de forma de vida, sentimientos y emociones. Y en todo ello puede contribuir la esteticista, esa profesional mezcla de psicóloga, artesana y milagrera.

Pero centrémonos en lo práctico, en la composición de las partes, embellecerlas y hacerlas un todo estético, esa sí que es 100% función de la esteticista, y para ello, el estudio del rostro es básico.

Cuestión de proporciones

Pitágoras sostenía que existe una relación muy importante entre las matemáticas y la belleza, llegando a la conclusión de que se es más atractivo cuando la proporción es perfecta. También los griegos daban suma importancia a los conceptos de simetría y proporción. Pero cuando no se da de forma natural, ambos se pueden falsear con maquillaje, luces y sombras, y también de un modo más duradero con tratamientos, no solo médico-estéticos o de cirugía; masaje y aparatología pueden también hacer milagros en manos de una buena profesional, eso sí, siempre que aprenda primero, no solo cómo utilizarlo, sino qué le falta, qué le sobra, dónde está la supuesta desproporción o qué puntos a destacar tiene ese rostro que se encuentra entre sus manos. Eso es el visagismo. Y toda esteticista debería conocerlo y ponerlo en práctica para sacar los mejores resultados en sus tratamientos de belleza.

Cuestión de lógica

El visagismo es una combinación de técnicas que busca exaltar la belleza del rostro. Es el estudio de las líneas, el volumen y las formas para, mediante el maquillaje, el peinado y distintas técnicas de embellecimiento, mejorar las características físicas de la clienta acorde a sus deseos. Sirve para cualquier trabajo que afecte a la estética final del rostro o la cabeza: maquillaje, estética facial, medicina estética, odontología, peluquería… Cualquiera de estos trabajos siempre se hace siguiendo la lógica del visagismo, ya que esto afecta no sólo estéticamente, sino también a nivel psicológico y funcional (en el caso de la ortodoncia, por ejemplo).

Cuestión de equilibrio

Equilibrio entre los deseos de la clienta, la moda y nuestra percepción profesional. Equilibrio entre la forma, líneas y volúmenes del rostro. Hay que tener en cuenta tanto las dimensiones de la nariz (longitud, forma, perfil…) como la distancia entre los ojos o la forma de las cejas. Se trata de estudiar el rostro para darle valor a la belleza de una persona con la

ayuda de técnicas al alcance de la esteticista, pero es esta la que debe sacar el artista que lleva dentro para personalizar con imaginación y creatividad, los deseos del cliente. El especialista sabrá hacer resurgir esa belleza escondida en cada persona. Y el cliente se sorprenderá de ver a partir del cambio de estilo, una belleza desconocida hasta el momento. El visagismo no sólo permite corregir facciones o realizar cambios para causar una mejor impresión. También se trata de permitir al cliente ser quien realmente cree que es o quiere ser, por eso hay que aprender a relacionarnos con cada persona y atenderlo según sus preferencias.

Colorimetría

Es un factor importante dentro del visagismo. Para poder lograr la imagen que se desea hay que tener en consideración la tonalidad de la piel y el color de los ojos. En función de ambos usaremos unos colores de maquillaje u otros, también de pelo si trabajamos el estilismo e incluso el vestuario cuando se trata de un concepto integral.

Espejo tridimensional

Es la herramienta por excelencia del visagismo. Nuestra línea de comunicación con la clienta para que vea los cambios a realizar, con perspectivas de volumen, y no plana como la refleja el espejo clásico.

Manos a la obra

Empezamos por la forma. Antes se asociaba un rostro oval a la belleza perfecta, pero hoy muchas modelos tienen caras cuadradas, del mismo modo que actualmente los hombres considerados atractivos poseen facciones menos duras que antes, rasgos más suaves. Estos cambios expresan el comportamiento de la sociedad en general. Y hay que tenerlos en cuenta a la hora de embellecer a nuestros clientes, hemos de adaptarnos a las tendencias del momento sin incurrir en resultados exagerados o forzados. Hay muchos aspectos con los que podemos jugar para alcanzar la imagen deseada. Lo más importante es aprender a “leer” el rostro que tenemos entre manos, a la vez que escuchamos sus necesidades de cambio y deseos.

La estructura facial de cada persona, se determina por la posición, forma y prominencia de sus huesos, tomando en cuenta líneas, perfil, nariz y frente. Los rasgos perfectos e

imperfectos. Hay que tener en cuenta la vista frontal y la posterior, la largura y anchura del cuello, y la relación del conjunto con el resto del cuerpo, los hombros, las caderas y la estatura. La forma del rostro: alargado, ovalado, redondo, cuadrado, en triángulo, es solo una parte del visagismo ya que este va mucho más allá, analizando todos y cada uno de los elementos que componen la cara, relacionándolos con el cuerpo. Es muy importante el tamaño de los ojos, la separación de los mismos, la forma y tamaño de la nariz, de los labios, su situación dentro del rostro, las cejas, la proporción en cuanto a tamaño de la frente. Todos estos aspectos van a ser estudiados por el visagismo y ofrecen una información muy valiosa a la hora de realizar un trabajo de maquillaje, peluquería o estilismo y, por supuesto, en los tratamientos de rejuvenecimiento facial.

Un buen visagista ha de prepararse en todos y cada uno de los conceptos: color, estudios de la forma ósea y muscular, cabello, piel y estructura corporal, para llegar a ser un asesor integral para sus clientes y conseguir realizar un trabajo completo en cada visita, especializándose en momentos puntuales (bodas, entrevistas de trabajo, eventos…) porque, como decíamos al principio, el concepto de belleza es complejo y cambiante, abstracto y moldeable.

Facciones

Hablamos ahora de los elementos del rostro que nos van a definir las facciones de cada persona. Hay que tener en cuenta aspectos como la mayor o menor facilidad para visualizar o percibir algunos huesos de la cara, como por ejemplo, los pómulos, independiente de su posición en la misma, y también a la forma y proporción de otros elementos presentes en el rostro, como la frente, los ojos o los labios. Así podemos diferenciar los siguientes tipos de facciones:

Exóticas. Entendiendo por exótico algo diferente a lo que habitualmente estamos acostumbrados. Por ejemplo, en España, una mujer con aires sudamericanos, asiáticos o árabes. Podemos adaptar estilos de maquillaje modernos y atrevidos.

Clásicas. Siguen los cánones de belleza griegos que nunca pasan de moda. No es bueno aplicar estilos rompedores. Mejor optar por tendencias clásicas y sencillas.

Aniñadas. Personas en las que se aprecia el paso de los años pero no pierden ese aspecto aniñado aunque tengan cierta edad. Esto es así, sobre todo, porque los elementos que componen su rostro están más juntos de lo habitual, lo que supone una frente, sienes y mejillas muy amplias. Este hecho es importante tener en cuenta a la hora de aplicar iluminador en estas zonas, ya que podríamos estar creando un exceso de protagonismo. Una técnica que suele dar buen resultado en es el contouring, que permite resaltar los elementos del rostro que han perdido protagonismo respecto a frente, sienes y mejillas.

Marcadas. Son algo habitual en nuestra sociedad y, en algunas ocasiones, pueden resultar poco femeninas, facciones duras que sin embargo no carecen de belleza.

Proporciones de los diferentes elementos del rostro

Frente. Se suele recurrir al cabello, ya que es el principal elemento que permitirá disimular aquellas muy amplias. El flequillo reduce o cubre la extensión de una frente ancha. A la hora de maquillar se deberá tener especial cuidado con la cantidad de iluminador aplicado. Sombras y tonos oscuros, especialmente en la zona superior donde nace el cabello consiguen sensación de estrechez. En caso contrario, si lo que buscamos es ampliar una frente, se puede aplicar iluminador sin miedo, de forma horizontal, así se le otorga protagonismo. Además, es recomendable llevar las cejas no muy gruesas para no restar superficie a la frente.

Nariz. Cuando son pequeñas aplicar tonos claros en su zona central, extendiendo hacia los laterales. Las narices anchas requieren la aplicación de sombras desde donde acaban las cejas hasta la punta de la nariz recorriendo todo el lateral de la misma. Si embargo, en la zona del tabique nasal se aplicará un tono más claro.
Las narices aguileñas, aquellas que terminan en pico curvado hacia abajo, el tono oscuro se aplicará tanto en el tabique nasal como en la punta de la nariz.

Mentón. Para disimular una barbilla prominente podemos aplicar corrector oscuro en la zona saliente de la misma. Los mentones estrechos se corrigen con iluminador en las zonas laterales del mismo. Las barbillas o mentones cortos o escasos requerirán un tono claro en toda su extensión para resaltar su presencia.

Para cada una de las variantes existen determinadas recomendaciones en el área del maquillaje y del estilismo. Los profesionales que desean brindar un servicio más completo y de excelencia a sus clientes, y que todavía no han realizado estudios de visagismo, deberían empezar a investigar un poco este campo, y verán que se les abre un mundo infinito de posibilidades.

TIPOS DE ROSTRO

Ovalado

Teóricamente perfecto en cuanto a medidas iguales, desde la raíz del pelo al inicio de la nariz, de aquí a final de nariz y de final de nariz a barbilla. El ancho equivale a la medida de un ojo, como separación entre los dos ojos, dando como resultado ‘3 ojos’ de ancho. Tres medidas exactas a lo largo y a lo alto. En este tipo de rostro se puede aplicar cualquier técnica o estilo de maquillaje.

Redondo

La cara, los pómulos y la mandíbula unidos al resto de la cabeza dan una forma casi esférica. En este caso se trataría de usar tonos oscuros en los contornos de la cara, sienes y mentón para suavizar ese volumen y aproximarse a la forma ovalada. Suelen ser caras de aspecto dulce, muy joviales.

Cuadrado

Frente y mandíbulas anchas. Centraremos la iluminación de la cara en el centro, utilizando oscuros en las esquinas del cuadrado imaginario.
Rectangulares

En general son más largos que anchos, presentando el mentón, los pómulos y las sienes casi en una misma línea vertical. Podemos aplicar sombras en la zona posterior del mentón, cerca de la oreja, y en las sienes.

Pera

Frente y sienes muy estrechas y pómulos anchos, con la barbilla introducida en las abultadas mejillas. Utilizaremos iluminadores claros en las sientes, y polvos oscuros en el mentón.

Triangular invertido

Presentan una frente notablemente más ancha que la barbilla y unos pómulos algo más estrechos que la frente. Debemos enfatizar la iluminación en la zona del mentón y aplicar las sombras en las sienes.

Diamante

Presenta una estrecha y corta frente, con pómulos salientes. Hay que disimular la línea de nacimiento de la frente con un flequillo poco espeso y reducir la anchura de los pómulos peinando el cabello hacia las mandíbulas. El color oscuro debe ir alrededor de los pómulos y el más clarito en la zona de barbilla y frente.