Conocemos las consecuencias del sol o de la falta de sueño en la piel. Pero…no son sus únicos enemigos. Descubre cómo otros elementos, de la nicotina a la vigorexia, afectan tanto a la piel como a los rasgos a corto – ¡y a largo! – plazo.

El Dr. José Vicente Lajo-Plaza, del Centro Médico Lajo Plaza, y Patricia Cuenca, directora técnica del centro Oxigen, lo explican al detalle.


 

TABACO.

“El tabaco aumenta los radicales libres, que dañan las membranas de la células. Además, alteran el equilibrio entre la elastasa y su mayor regulador, el inhibidor de la alfa 1-proteinasa. Esto provoca la ruptura de las fibras elásticas de la piel y disminuye la producción de colágeno. La nicotina también provoca vasoconstricción y una disminución de la circulación periférica. El monóxido de carbono del humo restringe la capacidad de transporte de oxígeno por la sangre para que llegue a la piel.

Las arrugas de los fumadores son diferentes. Más estrechas, profundas y con los contornos bien marcados. El color de la piel de los fumadores suele ser más pálido y tira al amarillo grisáceo”. 

Dr. José Vicente Lajo-Plaza, del Centro Médico Lajo Plaza.

 

VIGOREXIA.

“El exceso de ejercicio no es bueno. Y menos para la piel. La fiebre por el running se nota en el rostro. Las facciones van perdiendo sus volúmenes y la piel se deshidrata y pierde tono. Los corredores tienden a perder grasa de la zona de la cara y a esto se suma la flacidez provocada por el movimiento de impacto repetido contra el suelo que destensa los músculos del rostro.

Los procesos de envejecimiento se aceleran debido al incremento del proceso de oxidación de las células y a causa del esfuerzo de los músculos al correr durante un tiempo prolongado.

Al correr al aire libre la piel se expone además a las inclemencias meteorológicas: sol, aire, bajas temperaturas, contaminación… La causa principal de éstas es una piel deshidratada, ajada y con un exceso de radicales libres que combatir”.

Patricia Cuenca, directora técnica del Centro Oxigen.

 

EXCESO DE AZÚCAR.

“La relación del azúcar con nuestra piel es muy estrecha y provoca: envejecimiento prematuro, además de hinchazón, pérdida de tono y luminosidad y empeoramiento en casos de acné. Todo ello se debe a un proceso llamado glicación que hace que el azúcar en sangre se una a las proteínas para formar unas moléculas dañinas que afectan al nuestro metabolismo. El colágeno y la elastina son los más perjudicados por la sobredosis de azúcar. Una vez dañados, sus fibras se vuelven más secas, quebradizas y débiles. ¿Consecuencia? Formación de nuevas arrugas y flacidez”

Patricia Cuenca, directora técnica del Centro Oxigen.

 

DROGAS.

Los efectos nocivos de las drogas también se extienden a la piel, en la que se observa con mayor frecuencia problemas de dermatitis seborreica y lesiones de hiperqueratosis en los dedos de las manos y en las palmas.
También se produce un cambio de la morfología de la cara, con la nariz rojiza y con telangiectasias, y la punta nasal más achatada y hundida progresivamente.

El uso de la cocaína puede provocar manifestaciones dermatológicas más severas, como pseudovasculitis, urticaria, pustulosis exantemática generalizada aguda, úlceras cutáneas, picores, ampollas, urticaria, eritemas o verrugas”.

Doctor José Vicente Lajo-Plaza, del Centro Médico Lajo Plaza.

 

ALCOHOL.

El alcohol, sobre todo el destilado, produce envejecimiento prematuro de la piel. El rostro de las personas que consumen habitualmente dosis altas de alcohol suele estar demacrado y evidentemente envejecido.

Cuando se llega a desarrollar daño hepático, la piel se vuelve además opaca y de un color pálido y amarillento. El alcohol también provoca una disminución de la actividad del sistema circulatorio, requerida para la adecuada irrigación y nutrición de los tejidos”. 

Doctor José Vicente Lajo Plaza, del Centro Médico Lajo Plaza.

 

COMIDA BASURA.

“La dieta basura y el fast-food también afectan negativamente a la piel. Además de no aportar a la piel las vitaminas, minerales y nutrientes que necesita, una dieta rica en grasas saturadas e hipercalóricas produce una alteración en el metabolismo lipídico que afecta a la grasa de la piel, empeorando el acné, la dermatitis seborreica y, por mecanismos inflamatorios, la psoriasis”. 

Patricia Cuenca, directora técnica del Centro Oxigen.