CAPÍTULO 4: CONTRATA LAS PERSONAS CORRECTAS

En esta serie de capítulos estamos analizando todo lo que nos dicen “los magos de los negocios” para hacernos ricos. Sus consejos se fundamentan en una base cierta de planificación, control de gastos, contratación de personal, estrategias de marketing, etc., pero lo plantean como una tarea muy fácil. Además, solo indican qué se debe hacer evitando explicar el cómo, porque, claro está, para eso están sus cursos, seminarios y demás; en ellos aseguran que con siete pasos puedes conseguir un negocio de éxito pero en realidad los que acaban siendo más exitosos son ellos. Uno por uno, vamos analizando estos pasos desde una visión técnica del marketing, desgranando las verdades y medias verdades. En este capítulo estudiaremos el personal.

Por Sonia Bonvehi
Máster en Marketing por ESADE

Los gurús de los negocios te dicen: “Elabora un buen programa de desarrollo en equipo y ten claras tus prioridades y necesidades a la hora de contratar”. Esto es como no decir nada. Un programa de desarrollo del negocio en equipo es una utopía; solo sirve para las grandes corporaciones y empresas. Si bien es cierto que hay que implicar al personal en el negocio como si este fuera suyo, en realidad no lo es. Más adelante veremos la motivación y la implicación del personal en el proyecto, pero mi consejo es que un propietario o propietaria de un centro de belleza debe realizar el plan de empresa solo y con ayuda, si es necesario, de un consultor, gestoría o similar. Lo que sí es válido es tener claras las prioridades y necesidades cuando contratas a alguien.

Hay que trabajar una política de motivación del personal diariamente.

Contratar a las personas correctas

Uno de los factores principales a tener en cuenta a la hora de incorporar personal al centro –además de sus conocimientos y experiencia, su motivación y predisposición– es que nos haga facturar más, es decir, que sea una persona productiva. Además, solo contrataremos a alguien cuando el volumen de trabajo existente “lo pida” y para “sacar trabajo”, sino para que aporte valor, vendiendo producto, siendo proactiva, haciendo nuevos clientes.

Hay que tomarse en serio el proceso de selección. He visto numerosas casos en los que por el agobio y la prisa del propietario se contrata con urgencia a alguien y no se piensa bien a quién y por qué estamos contratando. El trabajador de un centro de belleza debe tomarse el negocio como propio, con la misma motivación que el propietario de facturar más. Ahora bien, para eso hay que trabajar una política de motivación del personal diariamente.

Reorientar y motivar al personal existente

Grandes profesionales que fueron contratados adecuadamente y funcionaban muy bien al principio, eran productivos y, en definitiva, un tesoro para la empresa, tienen que ser despedidos al cabo de un tiempo por improductivos, por tensiones, por estrés, por mala actitud, por hacer perder dinero a la empresa… ¿Qué pasó? La mayoría de las veces que esto ocurre es por descuido del empresario porque no se suele prestar atención a una política de motivación e incentivos constante. En las grandes empresas se aplica, pero también debe hacerse en pequeños establecimientos como un centro de belleza. Entonces, antes de despedir a alguien, yo aconsejo autoformularse varias preguntas:

  • ¿Su sueldo es adecuado para el trabajo que realiza?
  • ¿Su horario se corresponde con el sueldo?
  • ¿Realiza las mismas funciones para las que fue contratado?
  • ¿Se toman en cuenta sus propuestas e ideas?

Suele ocurrir que se contrata a alguien por unas funciones y tareas determinadas y, con el tiempo, se le aumenta el volumen de trabajo y responsabilidades pero no el sueldo. En cualquier profesión, las motivaciones del trabajador son dos: la económica y la implicación en un proyecto y objetivo empresarial. Tanto una como otra son importantes e inseparables. Si solo se motiva al trabajador con lo económico, llega un punto que no está motivado. A esto se le llama “motivación higiénica”, sirve durante un tiempo, pero no es suficiente. Sucederá entonces eso de “por mucho que me paguen, me quiero ir de este trabajo” porque falta la otra parte, la que yo llamo “felicidad laboral”.

Aquellas tareas que estén “en tierra de nadie” deberán ser asignadas claramente por el empresario.

Sentirse parte del éxito de un negocio parte de un proyecto, de un equipo; es vital para la supervivencia de un trabajador. Y normalmente el empresario lo descuida. Hay que promover reuniones con el personal para ir viendo progresivamente posibles desmotivaciones, fallos del negocio que afectan el ánimo de todos, posibles tensiones, nuevas ideas y sugerencias. El empresario debe plantearse dar incentivos extra cuando el personal vende más, no sólo económicos, sino pequeños regalos, por ejemplo, una noche de hotel, un día de fiesta, etc. El trabajo bien hecho es obligación de trabajador
y del propietario, así que si se trabaja todavía mejor, se debe dar «algo más». Por el contrario, el trabajo mal hecho no se castiga, pero sí debe hablarse sobre las causas que hay detrás, por qué ha pasado, qué hay que hacer para que no ocurra más y poner medidas para solucionarlo. Si se repite de forma continuada un fallo o error no solventado, entraremos en una dinámica que a veces nos obliga al despido. Yo aconsejo trabajar tres políticas con el personal: política de incentivos, política de formación y política de sugerencias, de una forma ordenada, planificada en el calendario y por medio de reuniones con el equipo.

Otro tema importante es dejar claras las funciones y responsabilidades de cada uno. En un centro de belleza suele pasar que todo el mundo hace de todo. Esto es un error. Como en cualquier empresa debe haber jerarquías y distribución clara de tareas. Aquellas tareas que estén «en tierra de nadie» deberán ser asignadas claramente por el empresario. También hacen falta reuniones periódicas para repasar las tareas que se vayan cumpliendo, poner objetivos de facturación comunes, asumibles y conseguibles por cada uno en particular y por todo el equipo en general.

La política de sugerencias se trabaja con una técnica muy frecuente entre equipos creativos llamada «brainstorming» (tormenta de ideas). Se reúne al equipo y sobre un tema en concreto del negocio se lanzan «ideas a lo loco»; todo el mundo puede decir lo que le salga de la cabeza, sin cortapisas, sin pensar ni juzgar. Se apunta todo en un papel y luego, con calma, se debate si hay ideas que tienen sentido, que pueden de verdad aportar algo, si son alcanzables, asumibles, los pros y contras de cada idea, etc. Al final, el empresario decide sobre toda esa información recopilada. Es una gran ayuda en la toma de decisiones y el equipo siente que contribuye a mejorar el negocio.

Saber despedir

Recuerdo todavía cuando estaba dando un curso a profesionales de la belleza sobre estos temas, cuando una asistente me explicó: «Tengo dos chicas trabajando conmigo. De una no tengo ninguna queja, pero a la otra tengo claro que debo despedirla». Me explicó que no la despedía por pena, porque era buena chica, por los años que llevaba allí. Tanto en estética como en peluquería, las relaciones personales son muy estrechas, entre el personal y con las clientas, y esto dificulta la toma de decisiones empresariales «frías». Sin embargo, de la misma forma que hay que saber contratar, hay que saber despedir. Ya hemos visto los factores que debemos valorar antes de despedir a alguien. Valora estos principios y, si bien pueden existir otros frenos al despido, la pena, los años, o el «porque me da cosa», no deben detenerte a la hora de tomar una decisión empresarial importante, ya que un mal trabajador puede arruinar tu negocio.

CINCO CLAVES A RECORDAR EN LA DIRECCIÓN DE PERSONAL

Para finalizar este capítulo es importante recordar estas cinco ideas:

  1. Tu equipo es tu ayuda, pero no tus amigos. Evita relaciones demasiado personales o íntimas.
  2. La comprensión y el respeto entre trabajador y empresario es vital, y va en las dos direcciones.
  3. Hay que dar ejemplo al equipo. No exijas en ellos lo que tú no practicas.
  4. Evita el «ordeno y mando»
  5. Si algo salió mal, siéntate con tu equipo, analizad los fallos y proponed una solución en conjunto.