Ingeniería facial para restaurar el volumen del rostro sin rellenos. En España sólo cuator doctores están aplicando esta técnica. Entre ellos, el Dr. Jaime Tufet, Director del Equipo Médico de la Clínica Tufet de Barcelona. Belleza y naturalidad se han convertido en la pareja de moda en estética y caminan juntas cada día
con más éxito. Los cánones de belleza y ciertas normas sociales empujan, a muchas mujeres y cada
vez a más hombres, a buscar, con el paso de los años, una respuesta amable ante el espejo que les
conduce a mejorar su aspecto a través de técnicas de medicina y cirugía estética. La tendencia
actual, sin embargo, empieza a huir del quirófano y apuesta por técnicas de medicina estética no
invasivas.
Cuando llegamos a un punto evolucionado de estas técnicas es cuando empezamos a hablar de
ingeniería facial. Estudiar el rostro como una estructura arquitéctonica que con el paso del tiempo
acaba cediendo.
La ingeniería facial trata de restaurar mallas destensadas y pilares inestables, partes esenciales en
la sujeción de la piel de la cara.


El rostro humano no envejece de una manera uniforme ya que encontramos partes principalmente
fijas (la parte central del rostro, desde la frente a la barbilla actúa como un punto de anclaje para la
piel y los músculos) y otras  más móviles (los laterales tienen tendencia a caerse y los
compartimentos de grasa faciales a separarse y desplazarse con el tiempo)
Imaginemos la estructura facial como una malla que empieza a destensarse en las zonas laterales
provocando la caída inevitable de la piel.  Si realizamos una técnica de  vectorización
tridimensional,  es decir,  colocamos trazantes en sentido contrario a la dirección del
descolgamiento, conseguiremos la retracción de los tejidos y la elevación de la piel sin necesidad de
cirugía.

¿Cómo lo conseguimos?
A través de moléculas que inyectamos en tan sólo tres puntos de cada lado del rostro. Además de un
efecto de corrección inmediata, las microesferas actúan como “cimientos” estimulando la
producción futura de colágeno en la piel y aportando una hidratación extra.

¿Cómo lo conseguimos?
A través de moléculas que inyectamos en tan sólo tres puntos de cada lado del rostro. Además de un
efecto de corrección inmediata, las microesferas actúan como “cimientos” estimulando la
producción futura de colágeno en la piel y aportando una hidratación extra.