INSTITUT ESTHEDERM

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¿Elijo protección total o no? ¿Ahora que ya estoy morena, no me  pongo crema? ¿Me quedo un poquito más tumbada al sol…? Estos y otros muchos interrogantes y acciones rodean a la cultura del sol en nuestro país. Pero, ¿cómo son y cómo actúan en realidad las cremas solares? Descubre cómo utilizarlas y dependiendo de qué factores y conoce hacia dónde avanza el futuro en las formulaciones de las cremas solares y sus mayores beneficios para la piel.

Estar al sol en verano sin la protección adecuada con el único objetivo de lucir un cuerpo bronceado no sólo no es aconsejable, sino que puede acarrear graves problemas de salud. Una forma de evitarlo es utilizar cremas solares, pero hemos de saber que aunque sean eficaces es un error pensar que usándolas podemos estar al sol tanto tiempo como deseemos. Ningún protector solar protege completamente de los rayos ultravioletas, por lo que la mejor forma de evitar sus nocivos efectos sigue siendo evitarlos. Ahora bien, hemos de buscar siempre líneas de tratamiento de las pieles bajo el sol que protejan tanto la superficie de la piel como sus tejidos más profundos de forman notablemente efectiva frente a otras, que eviten la inflamación que provoca el sol, preserven el ADN y potencien el sistema inmune, estimulando los sistemas endógenos de reparación.

DOS MARES

DOS MARES

A causa de la pérdida de grosor de la capa de ozono, estar hoy más de 20 ó 30 minutos al sol en verano a las horas de mayor incidencia sin protegerse debidamente es exponerse a problemas de salud más o menos graves. Porque, aunque se recurre a filtros y cremas solares para apoyar los mecanismos naturales que posee la propia piel para defenderse de los rayos solares (como la síntesis de melanina o la sudoración), lo cierto es que esa protección externa tampoco garantiza la prevención del cáncer de piel o del fotoenvejecimiento si su uso no va ligado de una disminución de la exposición al sol. Especialmente hoy, que sabemos que 20 minutos diarios son suficientes para estimular la síntesis de melanina, el pigmento que da color a la piel. Cualquier exceso (con o sin protección externa), puede provocar insolación, quemaduras, fotosensibilización, vasodilatación, fotoenvejecimiento, hiperpigmentación y cáncer cutáneo, entre otros problemas.

Además, los expertos afirman que es suficiente la radiación solar que recibimos en el dorso de las manos en un día de invierno para que el organismo sintetice la vitamina D, se fije el calcio en los huesos, se multiplique la producción de glóbulos rojos, se potencie la inmunidad, se favorezca el transporte de oxígeno por la sangre, activando la circulación, mejoren enfermedades de la piel como la psoriasis, la dermatitis atópica o el acné, se estimule la melanina y, en general, estemos más sanos y vitales. El resto del tiempo de exposición es pues innecesario.

 

Mejor prevenir

 

La primera de las medidas para disfrutar del sol veraniego sin correr riesgos es exponerse a él de forma gradual aumentando poco a poco el tiempo de exposición. Durante la primera semana se recomienda no más de 10-15 minutos por la mañana y ese mismo tiempo por la tarde, pero protegidos por una crema. El tiempo de exposición podrá ampliarse luego a razón de 10 minutos al día hasta llegar a un máximo de dos horas diarias y siempre con la necesaria protección desde el primer al último día.

Las cremas protectoras deben aplicarse generosamente al menos media hora antes de exponerse al sol. Y luego repetir la aplicación cada dos horas o después de cada baño. Se ha de utilizar incluso en días nublados ya que los rayos ultravioleta también atraviesan las nubes, prestando especial cuidado a las zonas más sensibles: nariz, cara, labios, orejas, escote, calva y empeines. Son las primeras que se queman. Y, sobre todo, no hemos de tomar el sol nunca entre las 12 y las 16 horas porque durante ese espacio de tiempo es especialmente pernicioso: en esta franja horaria encontraremos intensidades de radiación ultravioleta muy altas. En los lugares abiertos hemos de buscar siempre sombras o proveernos de sombrillas y no olvidar que estar sentado bajo una de ellas no nos protege totalmente ya que la arena, la hierba, así como la nieve o el agua, reflejan la radiación solar y que a mayor altitud mayor es el riesgo de quemaduras, pues cada 300 metros que ascendemos aumenta la intensidad de la radiación un 3%. También se aconseja pasear, correr o nadar bajo el sol en lugar de tumbarse inmóvil bajo sus rayos. Otra importante recomendación es no ponerse perfumes, colonias o after-shaves que contengan alcohol. Ni depilarse justo antes de ir a tomar el sol porque ello provoca la aparición de manchas en la piel, algo que no puede evitar ni la más efectiva crema fotosensibilizante.

Una ayuda, los filtros solares

 

Como ya hemos mencionado, las cremas solares son un buen instrumento para reforzar las defensas naturales del organismo contra los rayos ultravioleta, pero tampoco nos protegen completamente de los riesgos ciertos que supone una exposición prolongada al sol. Así que a la hora de elegir no hay que dejarse llevar por la marca, por lo atractivo del envase ni por el pretendido factor de protección solar que ofrecen pues se ha comprobado que, a veces, esos datos son inflados por razones comerciales o que el mismo factor de protección puede no resultar efectivo para la misma persona en distintas circunstancias. Se ha de elegir pues un producto de calidad que sea capaz de prevenir los efectos inmediatos del sol (es decir, la quemadura solar provocada por los rayos UVB) así como el fotoenvejecimiento producido por los UVA.

También se añaden sustancias con las que se pretende, con mayor o menor fortuna, prevenir el fotoenvejecimiento y el riesgo de foto dermatosis y de cáncer de piel. Así que no todas las cremas están formuladas de igual modo con lo que sus efectos también varían. Por ejemplo, los llamados filtros físicos o totales son los filtros que más radiación frenan (tanto rayos ultravioletas como infrarrojos). Actúan como una especie de pantalla que desvía, refleja y/o dispersa la radiación solar. El principal inconveniente es que crean una barrera tan férrea frente a los rayos solares que, de hecho, no llega a la piel ni la cantidad de sol que el organismo necesita. Además, embadurnan la piel y la plastifican con una capa blanquecina que se absorbe difícilmente. De ahí que recientemente se hayan lanzado al mercado unos filtros solares compuestos de óxido de zinc y dióxido de titanio (cuyo tamaño molecular es muchísimo menor) que hacen que el producto sea transparente a la luz visible, es decir, que no se vean sobre la piel pero que protegen igualmente de los rayos ultravioletas. Obviamente quienes utilizan ambas sustancias afirman que al nivel de concentración que se usan no son peligrosas pero tenemos dudas razonables de que así sea realmente.

Los filtros químicos o parciales, por su parte, actúan absorbiendo selectivamente los fotones de energía utravioleta y transformándolos en radiaciones de diferente longitud de onda presuntamente inofensivas para la piel. Existen varios tipos de filtros químicos, pero la desventaja de la mayoría de ellos es que suelen provocar reacciones alérgicas en las pieles sensibles que son precisamente las más necesitadas de filtros solares. Los más empleados en la actualidad son los paraaminobenzoatos (PABA) y sus derivados (cinamatos, oxibenzonas).

Hay un tercer tipo de filtros usados en cremas que afirman reunir las ventajas de los dos tipos antes mencionados: los filtros orgánicos. Lo que hacen es absorber y reflejar la radiación. Y no penetran completamente en la piel. El más empleado es el Tinosorb M, un filtro orgánico, fotoestable y de amplio espectro de protección.

Los penúltimos en el mercado son los llamados filtros biológicos que consisten en compuestos antioxidantes (como las vitaminas A, E y B5) con las que se pretende absorber o neutralizar los efectos negativos de los rayos solares evitando la formación de radicales libres y el daño al sistema inmune. Su efecto bloqueador es de la acción de los radicales libres lo que convierte a estas cremas en aliadas adecuas para prevenir el fotoenvejecimiento y el cáncer cutáneo.

 

Protección optimizada

 

Hoy en día existen otras destacadas investigaciones en torno a las cremas solares. Es el caso por ejemplo de un concepto innovador, al que se decidió llamar proactividad, cuya estrategia es no sólo proteger la piel, sino dotarla de medios para que pueda auto repararse en profundidad cuando se lesiona. Según los profesionales de la salud, este tipo de formulación en cremas solares conjuga efectos antirradicales y de protección celular al tiempo que potencian la protección natural al estimular la melonogénesis, lo que permite obtener un bronceado más uniforme y en menor tiempo de exposición. Éste es el futuro.

 

Piel y sol

 

La inmensa central nuclear que es el sol, emite múltiples tipos de rayos. De ellos, los que con más frecuencia llegan a la piel son la luz visible (los rayos que nos permiten ver y que aunque ni broncean ni calientan producen radicales libres provocando un lento deterioro de las células) y los infrarrojos (los que dan calor, estimulan la sudoración y son responsables de la deshidratación y de la vasodilatación). Estos rayos los filtran las nubes. Sin embargo, hay  otros más peligrosos porque consiguen atravesarlas: los rayos ultravioletas, destacando entre ellos dos tipos, los ultravioletas A o UVA y los ultravioletas B o UVB.

– UVA. Son los que llegan en mayor cantidad a la superficie de la Tierra. Se trata de rayos menos intensos que los UVB, de hecho su capacidad eritematógena es entre 600 y 1.000 veces inferior), pero penetran mucho más en la piel y pueden destruir fibroplastos, colágeno, elastina y otros elementos de la estructura cutánea. Además transfieren su energía a radicales libres responsables de la oxidación y por eso se les considera causantes del fotoenvejecimiento cutáneo.

– UVB. Son los rayos más poderosos de cuantos consiguen atravesar la capa de ozono y la atmósfera terrestre, siendo también los más nocivos para el ser humano, porque pueden incluso dañar el ADN y provocar mutaciones. De hecho, son los causantes del eritema solar  y las quemaduras solares, las enfemedades cutánesas y el cáncer de piel pudiendo provocar inmunodepresión. Hoy se calcula que más del 75% de las arrugas de la piel son debidas al sol y sólo un 20% a la edad.

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Informe elaborado por Cosmética XXI con Institut Esthederm, Antonio Losada, director de Cosmética XXI,

Técnico asesor de Institut Esthederm y el Dr. Luis Cremades, licenciado en Medicina y Cirugía.