El 13 de junio se celebra el Día Europeo de la Prevención del Cáncer de Piel

El 95% de los casos de cáncer de piel se puede curar, es uno de los que mejores tratamientos tiene si se diagnostica a tiempo

Sin embargo, los casos de cáncer cutáneo han aumentado en las últimas décadas, sobre todo en la población joven y más concretamente en mujeres

Con la llegada del verano y del buen tiempo comienzan las preocupaciones sobre el cuidado y protección de la piel. «Reparar, Hidratar y Preparar nuestra piel antes de exponerla al sol debieran ser los principios básicos para mantener una piel sana y joven», explica Ester Herranz, CEO de Nuevo Concepto Estética Avanzada de Burgos.

Existe un conocimiento generalizado sobre los peligros del sol, sin embargo, la mayoría de la población no toma precauciones para evitarlos. Según la Academia Española de Dermatología y Venereología, el 88% de las personas es consciente de que una exposición al sol excesiva aumenta el riesgo de cáncer de piel, pero sólo el 18% se protege adecuadamente.

Verano es sinónimo de sol pero, ¿qué conocemos realmente de esta estrella? Sabemos que es la que se encuentra más cercana a la tierra, que nos es indispensable para vivir, para el crecimiento de los vegetales, los animales y los hombres. Pero también conocemos que su radiación puede tener una incidencia nociva en el organismo, sobre todo en nuestra piel. Y por lo tanto debemos protegerla adecuadamente.

¿Por qué es nocivo el sol para nuestra piel?

La Tierra no recibe más que una pequeña parte de la radiación del sol porque las diferentes capas de la atmósfera, paran las radiaciones más nocivas para las personas. La capa de ozono situada a 25km de altura en la estratosfera, constituye una barrera ecológica indispensable para la Tierra, ya que absorbe de manera muy eficaz los rayos gamma, los rayos X y los UVC.

La energía que llega a la Tierra está constituida por:

• Los rayos infrarrojos, responsables de la sensación de calor.
Luz visible, se compone de los siete colores del arco iris (violeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranja y rojo).
Ultravioletas (UVA y UVB), invisibles al ojo humano y de energía superior a la luz visible.

Cada uno de estos componentes de la energía también es responsable de efectos nocivos, como la deshidratación o insolación (rayos infrarrojos), envejecimiento cutáneo (luz visible), cánceres cutáneos (rayos UVA), o quemaduras solares (rayos UVB).

¿Cómo cuidar la piel correctamente en verano?

1. Acierta con la crema de protección solar

Para poder proteger el cutis, debemos conocer nuestro tipo de piel, ya que nos somos todos iguales ante el sol. Todo depende de nuestro fototipo, que viene definido por el color de la piel, color del cabello, tendencia a las quemaduras solares y la aptitud al bronceado. Estas particularidades están genéticamente programadas. Una vez conocemos nuestro fototipo, ya podemos elegir la fotoprotección que mejor se adapta a nuestra “sensibilidad” natural al sol.

Pero también hay que tener en cuenta las condiciones de exposición solar. En ocasiones la piel puede presentar una sensibilidad exacerbada al sol independientemente del fototipo, debido a que ha sufrido agresiones repetidas (climáticas, cosméticas, medicamentosas) o debido a que reacciona ante estímulos a los que una piel normal no reaccionaría (alergia) e incluso puede llegar a volverse intolerante al sol.

Todas las cremas de protección solar tienen un índice de protección, de 15 hasta 50. Este índice no se refiere a la potencia de la protección sino a la duración de la misma. Así, un índice 15 va a proteger aproximadamente durante 45 minutos, un índice 30 hasta 1 hora y media, y uno de 50, el más potente, no más que 3 o 4 horas. Los índices de más de 50 no implican una protección más eficaz.

2.El cielo nublado también quema la piel

Contrariamente a lo que se pueda pensar, un cielo nublado deja pasar los rayos UVA y UVB del sol. Solamente detiene los rayos infrarrojos, por eso no sentimos sensación de calor pero podemos llegar a quemarnos. Asimismo, nos olvidamos a menudo que la luz visible y los rayos ultravioletas del sol pueden alcanzar la piel humana también indirectamente, al reflejarse sobre diversas superficies: sobre el agua un 20%, sobre la hierba un 10%, sobre la nieve un 85% y sobre la arena de un 15 a un 25%.

3. Limpiar, hidratar y proteger

Igual que nos lavamos los dientes desde que somos pequeños, deberíamos introducir un hábito saludable respecto del cuidado de nuestra piel. Debemos limpiar, hidratar y proteger nuestra piel desde jóvenes.

La piel puede sufrir sequedad a consecuencia del sol, el agua de playas y piscinas e incluso del viento. Cuando la piel está seca luce más blanquecina y, en algunos casos, provoca picores. Para dar solución a este problema lo ideal es hidratarla convenientemente, así estará más sana, suave y radiante.

En este sentido, es recomendable utilizar soluciones micelares para eliminar las impurezas de la piel, así como la utilización de un sérum hidratante antes de aplicar la crema de día. Estas cremas deben ser muy nutritivas, no grasas, con activos antiinflamatorios para calmar las irritaciones y contener antioxidantes para inhibir la acción de los radicales libres.

4. La piel es el espejo de nuestra dieta

Comer un menú saludable y equilibrado que aporte los nutrientes necesarios y específicos se reflejará de forma inmediata en la piel. Comienza el día con agua tibia con limón. Activa el metabolismo y ayuda a eliminar toxinas. Bebe agua o infusiones aunque no tengas sed, desintoxican el hígado, hidratan el cuerpo y bajan los niveles de colesterol. Es aconsejable, en general, cerca de dos litros al día.

Las vitaminas A, C y E son altamente antioxidantes y están presentes en numerosos alimentos veraniegos. La vitamina C se encuentra en muchas frutas y verduras, sobre todo aquellas de colores rojos y verdes y en los cítricos. Además, tienen un alto nivel de carotenoides, que estimulan la melanina para un bronceado más bonito y ayudan a prolongarlo.

Por su parte, la vitamina A, que se encuentra de forma abundante en la mantequilla, el hígado, la yema de huevo y el queso, también ayuda a reducir el acné, además de ser un antioxidante natural. Mientras que la vitamina E, presente en los vegetales y también en aceites vegetales, nueces, almendras y otras semillas oleaginosas será esencial para proteger la piel de los rayos solares y de todo tipo de agentes externos que puedan dañarla.

5. Presta especial atención a la piel del cuello, escote y labios

Los labios y el escote son zonas extremadamente sensibles a la exposición solar. También la nariz, las orejas o los empeines. Aplica protección solar en estas zonas por la mañana y no olvides reaplicar a lo largo del día. Por la noche, tras la limpieza de la piel, es recomendable realizar cuidados específicos en la zona perilabial y en el contorno de los ojos para combatir arrugas y líneas de expresión.

El gran problema de la zona del escote es el fotoenvejecimiento, por eso es tan necesaria la fotoprotección y reaplicarla varias veces a lo largo de la jornada. Al llegar a casa, no olvides hidratar la zona y mimarla con mucho cuidado. Los tratamientos en cabina también ayudan a combatir las indeseadas manchas de esta zona tan delicada de nuestro cuerpo.